Motor

China encabeza las muertes en carretera

En el 2003 murieron 104.000 personas, el 15% mundial con sólo el 2% de coches

PEKÍN. ¿ Con sólo el 2% de los automóviles del mundo, China representa casi el 15% de las muertes en carretera del planeta. El año pasado, 104.372 personas murieron

PEKÍN. ¿ Con sólo el 2% de los automóviles del mundo, China representa casi el 15% de las muertes en carretera del planeta. El año pasado, 104.372 personas murieron en las carreteras chinas. En Estados Unidos, con cuatro veces menos población y más coches, fueron 40.000 los muertos, mientras que España alcanzó la cifra de 4.500 muertos. Y el último no ha sido un mal año en el país asiático: en el 2002 murieron 5.000 personas más: 109.363. Además, casi otro medio millón de ciudadanos resultaron heridos el pasado año. Las causas de estas 300 muertes diarias son diversas. La carretera china es una aventura, todo es posible en ella. La coexistencia del carro de tracción animal con la bicicleta o el bicicarro (capaz de cargar lo más inverosimil) así como la presencia simultánea de camiones, tractores o automóviles crean situaciones poco asumibles para la mentalidad occidental. Es fácil ver un conductor reparando su vehículo en el centro de la calzada de una carretera nacional, un camión atravesado en medio porque su dueño está haciendo sus necesidades en la cuneta, ganado suelto, vehículos sin luces en la noche, vendedores, obras sin señalizar....

Como en nuestros años sesenta, la carretera china es un espectáculo lleno de sorpresas. Además, millones de automovilistas recién formados conducen coches nuevos por carreteras nuevas. La mitad de los accidentes son protagonizados por novatos. Por otra parte, se hace una utilización bastante filosófica del retrovisor y del cinturón de seguridad. E influye también el cansancio. Una encuesta entre conductores realizada el año pasado indicaba que el 24% conduce estando ¿agotado¿.
Un viaje por carretera nos permite visualizar este peculiar mundo. El Volkswagen ¿made in China¿ se abre paso a 140 kilómetros por hora por la autopista Nanjing-Shanghai.

Bien señalizada, con dos o tres carriles de circulación por sentido, buen firme, protecciones laterales homologables, el itinerario de 300 kilómetros se recorre en entre tres y cuatro horas, según la intensidad del tráfico y de las crónicas retenciones. Hasta aquí todo normal. Lo diferente es que el coche adelanta indistintamente por la derecha y por la izquierda. Hay unos carteles que indican que los dos carriles de la derecha son para ¿circular¿ y el de la izquierda para ¿adelantar¿, pero nadie hace caso: se adelanta por donde se puede. Incluso a la policía.

La red china de autopistas supera los 30.000 kilometros y es la segunda del mundo, tras la de Estados Unidos. La diferencia es que todas las autopistas chinas son nuevas y están en buen estado.

En el año 2003 se han construido 4.600 kilómetros de autopista (un poco menos que toda la red española de autopistas y autovías, que es de 5.100 kilómetros, desarrollada en 30 años, y más que los 3.400 kilómetros construidos en el Reino Unido en medio siglo).

Pero fuera de las autopistas se da otro tipo de escenas. Dos mil kilómetros al norte de Shanghai: tres camiones Dongfeng cargados hasta los topes de carbón, uno de ellos con remolque, subiendo un puerto de montaña. Hay dos carriles, y, en plena curva sin visibilidad, dos de los tres deciden adelantar.

Uno por la izquierda, pisando línea continua, y el otro por la derecha, metiéndose en la cuneta. Los motores rugen, pero el más veloz de los camiones no pasa de cuarenta. De frente viene un autobús, pero los dioses vigilan la escena y la tragedia se evita, esquivando y con un poco de adrenalina suplementaria.

Es una escena habitual en las carreteras del noroeste de Pekín por las que circula el carbón de la provincia de Shanxi, en ruta hacia el puerto de Tianjin.

El mineral no siempre va bien cargado y cae de camiones y remolques, lo que deja un reguero de piedras negras que alcanza centenares de kilómetros y que los campesinos locales barren de vez en cuando para aprovisionar sus estufas domésticas. ¿Siguiendo ese rastro llegarás al mar¿, explica un ejecutivo. Por razones de trabajo, el ejecutivo viaja frecuentemente a Tianjin y a otras ciudades chinas desde Pekín. En una ocasión, en ruta hacia la provincia de Mongolia Interior, observó una docena de accidentes mortales en apenas 300 kilómetros. ¿Cada vez que regreso a casa de un viaje, sano y salvo, me considero afortunado¿, confiesa.