Millón y medio de catalanes superan el límite de velocidad en la ciudad


Un millón y medio de conductores catalanes reconocen que no respetan los límites de velocidad en la ciudad. Es el 81% de los conductores y no sirve de consuelo que el porcentaje de estos infractores sea algo superior en el conjunto de España (el 84%). Además, el 17% (y 15% de los conductores españoles) admite que no siempre respeta la señal roja de los semáforos. Son datos de una encuesta realizada el año pasado por la Fundació RACC, que también ha revelado comportamientos peligrosos de los peatones en la ciudad.
Así, aproximadamente la cuarta parte de los peatones (27,1% en Catalunya, 22,3% en España) cruza habitualmente la calle por cualquier punto, independientemente de que esté señalizado para ello. Son casi un millón y medio los catalanes que, como peatones, reconocen correr ese riesgo. Otro factor de riesgo es no conducir tranquilamente. Aunque el concepto tranquilidad es aquí impreciso (puede incluir cansancio, exceso de alcohol o prisas...), un 10,6% de los conductores catalanes (algo más en el resto de España) admite no conducir tranquilo en la ciudad.
Conductores demasiado veloces o que ignoran los semáforos son, junto con peatones imprudentes, causantes y víctimas de atropellos y accidentes. Un estudio de la firma Applus+Idiada, realizado a partir de accidentes reales y simulaciones, concluye que reduciendo un 20% la velocidad de los vehículos en la ciudad se evitaría el 65% de los atropellos. Este informe, junto con la encuesta del RACC, fue presentado ayer en el marco de la campaña
- Velocitat + Seguretat, impulsada por el Ayuntamiento de Barcelona. La encuesta es la séptima de este tipo que el RACC ha hecho. Se entrevistó a 4.251 conductores de toda España, 400 de ellos en Catalunya.
La Guardia Urbana de Barcelona registró el año pasado 10.096 accidentes con víctimas. En 1.725 casos hubo peatones implicados, con el resultado de 1.814 lesionados y 17 muertos en las primeras 24 horas después del accidente.
En los últimos años se ha ido reduciendo el número de accidentes graves en la ciudad, pero en el 2003 se apuntó un ligero crecimiento de víctimas mortales que encendió las alarmas. El concejal de Movilidad y Seguridad, Jordi Hereu, aseguró ayer que el primer semestre del 2004 arroja cifras menos malas, pero que no se ha de pecar de optimismo. Técnicos y políticos coinciden en que la reducción de la velocidad es un objetivo prioritario. Campañas aparte, el Ayuntamiento de Barcelona prepara una experiencia piloto para implantar el límite máximo de 30 kilómetros por hora en calles anchas, tipo Eixample. Esta experiencia piloto se llevará a cabo en el primer trimestre del 2005, en una zona del barrio 22@ de Poblenou.
El estudio de Applus+Idiada concluye que pasar de circular a 50 kilómetros por hora (velocidad permitida en muchas calles de la ciudad) a 30 por hora evitaría el 85% de los accidentes en los que el conductor percibe con antelación la situación de peligro. Es decir, le daría tiempo a frenar.