“Dormía en la calle y mi madre me prestó 3.000 euros”: la historia del mecánico que hoy dirige el mejor taller de España
Mejor taller de España 3 años seguidos
Antes del éxito durmió en la calle. Hoy habla del oficio y del precio real de levantar un taller sin épica ni adornos

'Talleres Kike' ha sido escogido mejor taller de España durante 3 años seguidos

Hubo un tiempo en que Kike Ferrer no tenía despacho, ni empleados, ni premios colgados en la pared. Dormía en la calle y sobrevivía como podía. No es algo metafórico, sino el punto de partida real de alguien que hoy dirige Talleres Kike, elegido mejor taller mecánico de España durante tres años consecutivos. Desde Palma de Mallorca, Ferrer mira atrás sin nostalgia y con la certeza de que emprender en este país no tiene nada de romántico.
“Montar un taller en España no es bonito. Vas a sufrir, pasarás hambre y dormirás poco. Si eso no te impulsa, mejor dedícate a otra cosa”, dice en el canal de YouTube de Adrián Martín. No habla desde el resentimiento, sino desde la experiencia de quien ha pagado caro cada error y cada acierto con su propio desgaste.
Mejor taller de España 3 años seguidos
Su filosofía es que el cliente pague lo mismo, sea el coche que sea
Empezó con apenas 3.000 euros prestados por su madre y una idea muy clara: precios justos y transparencia total. Nada de letra pequeña. “Mi low cost es real. 325 euros por cambiar una distribución, me da igual el coche que traigas”, afirma con la seguridad de quien ha afinado su modelo hasta convertirlo en un engranaje que funciona. Para Ferrer, buena parte del desencanto de la gente con el sector viene de ahí: de no decir la verdad desde el principio.

En su taller, el precio que se da al dejar el coche es el mismo que se paga al recogerlo. Sin sorpresas. Sin excusas. Esa claridad, insiste, genera algo más valioso que el margen: confianza. Y esa confianza se sostiene también en una organización casi industrial. Cada trabajador domina una especialidad concreta —embragues, frenos, electrónica— y el conjunto funciona como una cadena de producción afinada. “Cada uno tiene su rol. Cuando perfeccionas eso, la eficiencia se dispara”, explica.
Japón y Corea han superado en fiabilidad a muchos fabricantes europeos
Los números, en un sector de márgenes ajustados y costes fijos elevados, acompañan. Alcanzar un 20 % de rentabilidad neta es, para él, un éxito rotundo. No porque sea fácil, sino precisamente porque no lo es. Por eso también observa con lupa cómo cambia el mercado. En su experiencia, los coches que menos pisan el taller son hoy los asiáticos. “Japón y Corea han superado en fiabilidad a muchos fabricantes europeos”, sostiene.
Más crítico se muestra con el coche eléctrico. No lo demoniza, pero tampoco compra el relato. “Ahora mismo es un engañabobos. Triunfaría si pudieras cargar en un minuto por dos euros. Si eso existiera, sería el presente”, ironiza. Aun así, imagina un futuro distinto para su oficio: mecánicos con bata blanca, cambiando módulos eléctricos como quien repara un ordenador.

La palabra que más se repite en su discurso no es éxito, sino constancia. Porque arreglar coches, dice, es relativamente sencillo. Lo difícil es explicar qué les pasa y por qué cuesta lo que cuesta. “Me gusta que la gente confíe en mí”, admite. Quizá por eso, cuando aconseja a quien sueña con abrir su propio taller, no endulza nada: “No tengas miedo. Vas a sufrir. Pero el día que te das cuenta de que has llegado, eso, solo eso, es la felicidad”, sentencia.