Natural

Los científicos alertan: las olas serán cada vez más grandes

Cambio climático

El calor y la subida del nivel del mar explican este fenómeno

Las olas más fuertes están ocurriendo en el sur y no en el noreste, donde suelen ser más destructivas.

Las olas más fuertes están ocurriendo en el sur y no en el noreste, donde suelen ser más destructivas.

Cristóbal García / EFE

Entre los pasados noviembre y diciembre, ocho personas fallecieron en Canarias arrastrados por fuertes olas. Si bien en todos los casos las víctimas hicieron caso omiso a las advertencias de no acercarse a los senderos costeros por las marejadas y los fuertes vientos, algunos científicos piden poner la lupa en la nueva ferocidad del oleaje, otro “ingrediente más” de las alteraciones climáticas que el planeta experimenta como consecuencia del calentamiento global.

El último golpe de mar con víctimas fatales ocurrió el 8 de diciembre del año pasado en una piscina natural de la zona de Los Gigantes, en la costa sur de Tenerife. Un grupo de turistas se vio sorprendido por el fuerte oleaje. Tres hombres murieron ahogados tras caer al agua. Una cuarta víctima, una mujer que fue rescatada con una parada cardiorrespiratoria, murió días más tarde en un hospital. En noviembre, la misma escena se repitió en otros puntos costeros de la misma ciudad, con otros cuatro fallecidos y más de 15 heridos.

A la par de la insistencia de las autoridades para que los visitantes no se acercan a la costa cuando se decreta una alerta meteorológica, los científicos alertan que vamos a un escenario de “olas cada vez más grandes” por el cambio climático.

El calentamiento global está modificando la atmósfera y los patrones de viento

El meteorólogo Mario Picazo explica que el calentamiento global está modificando la atmósfera y los patrones de viento a gran escala, que son los verdaderos “motores” del oleaje. “Al aumentar la temperatura del planeta, las diferencias de presión entre unas zonas y otras se vuelven más intensas, lo que favorece la formación de borrascas más profundas y persistentes en el Atlántico. Estas borrascas generan vientos más fuertes y durante más tiempo sobre enormes extensiones de océano, lo que permite que las olas crezcan en altura, energía y longitud antes de llegar a Canarias en forma de fuerte mar de fondo”, detalla.

A esto –agrega– se suma la subida del nivel del mar, que permite “que las olas lleguen a la costa con menos pérdida de fuerza, aumentando su impacto, la erosión y el riesgo de daños en zonas costeras”. “Por eso, lo que estamos viendo en Tenerife no es solo un temporal aislado, sino parte de una tendencia en la que el mar es cada vez más energético y agresivo gracias al aporte extra de energía que recibe el sistema atmósfera-océano”, advierte.

En la imagen grandes olas en el pueblo de la Santa, en el municipio de Tinajo (Lanzarote).
En la imagen grandes olas en el pueblo de la Santa, en el municipio de Tinajo (Lanzarote).Adriel Perdomo / EFE

Manel Grifoll, doctor en Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos por la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) y director del Laboratorio de Ingeniería Marítima coincide con Picazo, aunque no es tan tajante ante la dificultad de “pasar de la tendencia a la evidencia científica”. Aclara que el incremento de oleaje debido al cambio climático es un “fenómeno regional”, por lo que no puede generalizarse.

“Lo cierto es que el efecto invernadero está haciendo subir la temperatura del océano. Por tanto, hay una mayor transferencia del océano a la atmósfera. Se generan procesos convectivos de generación de bajas presiones que hacen que haya una predisposición a que haya más tormentas severas en los océanos”, analiza.

Estas olas son un ingrediente más de todos los cambios que estamos experimentando

Manel Grifoll

Doctor en Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos por la UPC

A su juicio, sería necesario hacer un “estudio en profundidad” en Canarias para confirmar que la isla está recibiendo olas más grandes y destructivas. “Es posible que a nivel local, debido al incremento de temperatura del océano, haya más transferencia de energía a la atmósfera y se generen potentes borrascas, que a su vez generen oleajes más intensos. Pero tiene que quedar claro que no causa-efecto. Estas olas más grandes son un ingrediente más de todos los cambios que estamos experimentando”, aclara.

Para este experto, la subida del nivel del mar sí es un factor indiscutible y determinante en este fenómeno. Explica que “la base de referencia de donde el oleaje impacta en la zona costera se está incrementado año a año”.

Entender la nueva realidad climática

Es clave, dice Grifoll, que lugareños y visitantes entiendan que estamos frente a una “nueva realidad”, lo que obliga a cambiar percepciones. “Aquella persona que nunca había visto que el oleaje le llegaba a la puerta de su casa, ahora es posible que ocurra. Lo mismo con una escollera o un paseo marítimo. Los registros del pasado dejan de ser referencia”, reflexiona.

Las zonas de playa se van a “acomodar” al nuevo oleaje. A nivel natural, esto no supondrá ningún problema. “Lo que pasa es que nosotros nos hemos empecinado a construir puertos, casas y paseos marítimos, por lo que este nuevo patrón de oleaje va a requerir políticas de adaptación”, subraya.

El fuerte oleaje en el pueblo de La Santa, en una imagen de archivo.
El fuerte oleaje en el pueblo de La Santa, en una imagen de archivo.Adriel Perdomo / EFE

No obstante, el experto insiste con el enfoque regional en materia de vientos y oleajes. Pone de ejemplo Cataluña, región vigilada por el laboratorio que dirige. Las olas más fuertes están ocurriendo en el sur y no en el noreste, donde suelen ser más destructivas.

Sin embargo, según una investigación realizada por científicos australianos, la tendencia de olas más destructivas tendrá en las próximas décadas un carácter global. “El cambio climático global alterará el oleaje y el viento, modificando la severidad, frecuencia e impacto de las inundaciones costeras episódicas y el cambio morfológico”, sentencian estos científicos. Aunque “las alturas extremas de olas” van a variar en cada región. “Existe una gran incertidumbre en las proyecciones de olas extremas debido a qué trayectoria de concentración representativa futura se desarrollará como resultado de futuras emisiones de gases de efecto invernadero”, aclaran.

El caso de California

Las olas en la costa de California (Estados Unidos) están aumentando su tamaño, y cada vez es más habitual que alcancen unos 4 metros conforme se calienta el planeta, según un nuevo estudio que analizó ese incremento a partir de datos históricos de los últimos 90 años.

El oceanógrafo Peter Bromirski, de la Institución de Oceanografía Scripps, utilizó el registro sísmico desde 1931 para medir el cambio en la altura de las olas. Cuando las olas rebotan contra la costa, chocan con las olas que llegan del océano y provocan una onda de energía en el lecho marino que pueden registrar los sismógrafos. Cuanto más grande es el impacto, más grande es la ola.

Descubrió que el tamaño medio de las olas en invierno creció hasta unos 30 centímetros desde 1970, cuando empezó a acelerarse el calentamiento global producto de las emisiones humanas de gases de efecto invernadero

Los picos de unos 4 metros (al menos 13 pies) también ocurren ahora con más frecuencia, al menos el doble entre 1996 y 2016 que entre 1949 y 1969. “Erosión, inundación costera, daños a infraestructura costera, son algo que vemos con más frecuencia que en el pasado. Y combinado con un nivel del mar más alto, olas más grandes suponen que va a ocurrir más a menudo”, explica el autor de este estudio.

Andrés Actis Fernández

Andrés Actis Fernández

Periodista especializado en clima y medio ambiente

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