La Voyager 1 fue lanzada al espacio por la NASA en 1977 y, después de casi 50 años, se prepara para alcanzar un nuevo hito histórico.
Historia espacial
Toda comunicación dirigida a la nave demora 24 horas en ser recibida y se necesitan otras 24 horas extra para conseguir la réplica.

La Voyager 1 fue lanzada al espacio por la NASA en 1977 y, después de casi 50 años, se prepara para alcanzar un nuevo hito histórico.
La NASA puso en órbita la sonda Voyager 1 el 5 de septiembre de 1977 desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, con el propósito original de analizar Júpiter y Saturno. Cerca de cinco décadas más tarde, sigue su recorrido y está próxima a conseguir un logro extraordinario en la exploración del cosmos: en noviembre de 2026 se localizará a un día luz de alejamiento de la Tierra.
El vehículo se halla a 26.000 millones de kilómetros de lejanía
En el presente, Voyager 1 constituye el vehículo espacial situado a mayor distancia de la Tierra, recorriendo unos 25.400 millones de kilómetros mientras avanza por el medio interestelar. Dicha marca histórica no se cuantifica únicamente mediante la distancia, sino también a través del intervalo de transmisión. “Un día luz equivale a 26.000 millones de kilómetros”, comenta Suzy Dodd, quien se desempeña como responsable de la misión Voyager dentro del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA.

Dicho alejamiento conlleva que toda transmisión emitida desde la Tierra requiera un total de 24 horas para alcanzar el vehículo y otras 24 horas para retornar con una contestación. “Si envío un comando y digo, ‘buenos días, Voyager 1’, a las 8 de la mañana de un lunes, recibiré la respuesta el miércoles por la mañana”, precisa Dodd, ejemplificando lo difícil que resulta la comunicación en estos rangos espaciales.
Acompañada por su hermana, Voyager 2, representa uno de los escasos artefactos que funcionan fuera de la heliosfera, la capa de partículas y fuerzas magnéticas que envuelve al Sol. Si bien las dos han debido desactivar diversos equipos con el transcurso del tiempo para conservar electricidad o por averías que amenazaban con un fallo general, continúan obteniendo información relevante de una zona jamás visitada anteriormente por la humanidad.

Luego de sobrevolar Saturno en 1980, Voyager 1 prosiguió su viaje a una celeridad invariable de cerca de 61.000 kilómetros por hora, sin haber corregido su rumbo desde entonces. “La distancia a la que estamos de la Tierra hace que tome mucho más tiempo que una señal llegue, y la intensidad de la señal simplemente se disipa”, aclara Dodd, haciendo hincapié en otro de los principales desafíos técnicos.
Es necesario considerar que el envío de información se produce a 160 bits por segundo, una rapidez semejante a la de las antiguas conexiones telefónicas, por lo que se obtiene documentación bastante restringida sobre la condición de cada vehículo, y ante un imprevisto, no es posible actuar ni resolverlo con agilidad. Sin embargo, el equipo dispone de mecanismos autónomos que le facilitan su protección frente a desperfectos ocasionados por los 49 años que suma recorriendo el cosmos. “Si algo sale mal, pueden ponerse en un estado seguro para esperar hasta que podamos comunicarnos con la nave, averiguar cuál es el problema y resolverlo”, relata Dodd.
Aunque la Voyager 2 estima llegar a un día luz de alejamiento de la Tierra para 2035, la Voyager 1 continúa progresando y superando marcas solo por mantenerse operativa, lo que evidencia una durabilidad técnica sin igual en los anales de la exploración espacial.
