Juan Domínguez, tras 30 días sin móvil: ''Con pantalla predomina la onda beta; sin pantalla, la alfa: en tiempo sostenido es como llevar un coche revolucionado''
Desconexión Digital
El youtuber español ha llevado a cabo el experimento con el apoyo de una neurocientífica y psicóloga clínica

Juan Domínguez, co creador del pódcast 'Tengo Un Plan', ha llevado a cabo el experimento de vivir 3o días sin móvil

El teléfono inteligente, su dependencia y las redes sociales someten al individuo, cada vez más. Los españoles, según la última encuesta de consumo online de RTVE, dedican 4 horas diarias de media al uso del móvil. Scroll infinito, contenido insulso e inmediato, hiperconectividad global y mucha, mucha desinformación. El arraigo de la hiperconectividad parece irreversible: la sociedad vive completamente digitalizada y el 92% de la población española usa internet cada día para vivir, según la última encuesta sobre equipamiento y uso de TIC del INE.
La ciencia, por su parte, ya alerta de los efectos en la salud de este sobreuso de pantallas. Estudios como el publicado en Pediatric Clinics of North America, señalan el uso excesivo de móviles y redes sociales en adolescentes como especialmente el “activo y problemático” y se relaciona con alteraciones psicológicas como los cuadros de ansiedad. El riesgo no depende solo del tiempo de uso, sino de cómo se utilizan estas herramientas, de las características individuales y del grado de supervisión adulta. En plena construcción de la identidad juvenil, la hiperconexión puede amplificar vulnerabilidades, de ahí que los expertos insistan en la educación digital y en modelos de relación más allá de la pantalla.

Australia fue uno de los primeros países en impulsar restricciones al acceso de redes sociales para menores de 16 años, y en España el Gobierno de Pedro Sánchez ya ha llevado al Congreso propuestas para limitar su uso en adolescentes. El objetivo: frenar los efectos de la sobreexposición a redes y pantallas en la salud mental juvenil. Un fenómeno que, sin duda, también afecta a adultos.
En este contexto, surge el experimento personal —y validado en consulta— de Juan Domínguez, cocreador del pódcast Tengo Un Plan. El joven youtuber español ha pasado 30 días sin móvil para analizar qué ocurre en su sistema nervioso y en su salud mental cuando desaparece la hiperconexión.
Cero redes sociales y un móvil de teclas
''Estoy harto de perder el tiempo con contenido vacío, de ver vidas que no me importan ni conozco y de perder el tiempo en general'', proclama al inicio Juan. Acto seguido anuncia su reto y las normas que lo regirán, con medidas tajantes: ''Cero redes, ni tablet, ni teléfono, ni ordenador'', asegura. Para comunicarse, recurrirá a un teléfono analógico, acompañado de un corsé de hábitos: ''Solo puedo usar 30 minutos de WhatsApp al día (desde el ordenador), utilizaré únicamente tres horas diarias el ordenador y solo para trabajar, y tengo que dedicar al menos una hora al día a pensar'', resume.
En el día a día, el vacío aparece donde antes había scroll: ''Tengo como automático sacar el móvil, desbloquearlo y no saber qué hacer''. La respuesta es analógica: libreta en mano y más conexión con la realidad. Sin GPS ni música en los trayectos, sin pantalla antes de dormir, el patrón se repite de forma reconocible: primero aburrimiento, después una leve ansiedad y, finalmente, una sensación de tiempo recuperado. ''Estoy más creativo, soy más productivo e incluso estoy teniendo sueños más lúcidos'', sostiene.

Solo puedo usar 30 minutos de WhatsApp al día, 3 horas al día de ordenador y solo para trabajar y tengo que dedicarle todos los días una hora a pensar
El cerebro revolucionado y un cambio medido
Para objetivar el reto, acude a la consulta de Ana Asensio, psicóloga sanitaria y doctora en Neurociencia. Allí le realizan pruebas neuropsicológicas, cuestionarios de estrés y un electroencefalograma comparativo. La conclusión es directa: con pantalla predomina la onda beta; sin pantalla y tras ejercicios de respiración, domina la alfa, asociada a un estado más tranquilo y con mayor capacidad de concentración.
Los números que más pesan no son los del casco, sino los del cuerpo: en el test de regulación, el bloque de activación fisiológica y estrés corporal baja de 45 a 26 puntos; el estrés emocional, de 53 a 31, y la sensación de urgencia constante pasa de un 5 a un 1. En control atencional, el salto es aún más gráfico: del percentil 20 al 80.

Con pantalla predomina la onda beta; sin pantalla, la alfa: no es malo, pero sostenido es como llevar un coche revolucionado
El final no es un evangelio tecnológico, sino una advertencia que pone sobre la mesa el funcionamiento de nuestra sociedad: ''Lo que dejo de consumir de un lado, me lo acabo llevando de otro'', señala. Y es que Juan, al terminar el experimento, reconoce que ha sustituido el uso del móvil por más horas de trabajo.
La moraleja apunta a una conducta sustitutoria muy habitual: dejar un hábito para adoptar otro. Al fin y al cabo, no se trata de demonizar el teléfono, sino de entender qué está tapando o en qué nos está convirtiendo. La conclusión de la especialista que supervisa el experimento es clara: ''Hay que parar mucho más a menudo y ordenar todo lo que tenemos en la cabeza'', concluye.

