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El renacer de las agendas tradicionales y los cuadernos: por qué las apps de productividad ya no están de moda

Cambio de hábitos

Cuando llegaron las herramientas para ser más productivos, nos parecían de lo más útiles; ahora la tendencia es volver a lo tradicional 

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Hay una tendencia progresiva a volver a lo tradicional, ante la saturación tecnológica actual.

Hay una tendencia progresiva a volver a lo tradicional, ante la saturación tecnológica actual.

Getty Images

“Para mí, Google Calendar y Notion se convirtieron en una adicción como la que tiene alguna gente a Instagram o TikTok. Me pasaba horas mirándolas y organizándolas, y distrayéndome con eso. Al final, era otra manera de pasar todo el día pegado al móvil”, nos cuenta Marcos S., diseñador gráfico de 41 años. Comenzó a utilizar varias aplicaciones de organización con la intención de gestionar mejor su tiempo y plantear objetivos claros para sus proyectos profesionales y sus hobbies. Pero, con el tiempo, acabó dejando de sentirlas útiles: “Al principio me gustaban esas notificaciones y recordatorios constantes, pero poco a poco me di cuenta de que me generaban incluso agobio. Miraba constantemente el móvil, por si me estaba olvidando un cumpleaños, una reunión, una meta que me había puesto…”

Como muchos otros, Marcos acabó optando por un sistema de organización más tradicional: una agenda de las de toda la vida. “Había gente a mi alrededor que me decía: ¿pero por qué no te lo apuntas en el móvil y ya está?”, recuerda, con una sonrisa. “Pero el hecho es que funciona. Puedo organizarme y establecer recordatorios, y sin embargo no siento ese agobio constante. Me he dado cuenta de que a veces me olvido de algo y no pasa nada: lo veo al día siguiente en la página, lo arreglo y ya está”.

Las agendas tradicionales están ganando terreno.
Las agendas tradicionales están ganando terreno.Pixabay

Aunque suene llamativo en un momento social en el que las tecnologías están más integradas dentro de nuestra vida que nunca, cada vez más personas apuestan por volver a las formas de organización analógica, huyendo de las pantallas y buscando reconectar con una vida más reposada. Un ámbito que, eso sí, ha evolucionado mucho en los últimos años: tanto las empresas especializadas en papelería como los propios usuarios han ido encontrando nuevas maneras y sistemas para adaptar, de mejor manera, el acto de escribir y registrar a nuestra vida.

La palabra anglosajona journaling se utiliza, incluso en nuestro país, para hablar de las distintas prácticas alrededor del uso de agendas, cuadernos y diarios para registrar nuestro día a día. Son populares, por ejemplo, los cuadernos bullet journal, un sistema de organización creado originalmente en el año 2013 por el diseñador Ryder Carroll y que apuesta por la flexibilidad para adaptarse a las necesidades de cada persona. Con un formato relativamente libre y un sencillo código de símbolos y colores, se anotan todas las tareas que uno busque realizar en un día concreto y se tachan o se señalizan conforme se hayan terminado o pospuesto. “Nunca había sido capaz de usar una agenda”, nos explica Marta D., profesora de inglés y usuaria de bullet journal desde hace casi una década, “pero este es un método ‘sin presión’, que te permite apuntar prácticamente lo que quieras, desde las reuniones del trabajo a la lista de la compra o lo que te quieres poner mañana”.

Uno de los fenómenos más sonados y virales en este ámbito durante los últimos años ha girado alrededor de un tipo concreto de agendas: las Hobonichi. Una compañía japonesa que se especializa en cuadernos que buscan combinar las funcionalidades de una agenda y un diario. El modelo más popular, el Hobonichi Techo, es una agenda anual con una página completa para cada día del año. Una sección de la página está dividida de manera horaria, para apuntar las tareas pendientes; la otra es totalmente libre, permitiendo al usuario utilizarla para lo que desee. Hay quienes la utilizan como diario, como álbum de recuerdos o fotografías; apuntan citas de libros o letras de canciones que les han gustado o registran su ejercicio o sus rutinas diarias.

Las agendas Hobonichi han experimentado un auténtico boom en España en los últimos años. Los responsables de Entropía Paperstore, una papelería barcelonesa especializada en este tipo de productos, nos cuentan que los últimos años han sido especialmente clave: llevan más de 9 años trabajando con la marca, pero los últimos años han supuesto un aumento considerable del interés por ella. “Hemos cerrado el año 2025 con más de 1 millón de euros en facturación, una subida de un 50% en comparación al año pasado. Notamos mucho que la gente está cansada de pantallas: les gusta parar y escribir a mano para darle valor y sentido a aquello que quieren conseguir”.

La gente está cansada de pantallas: les gusta parar y escribir a mano para darle valor y sentido a aquello que quieren conseguir

Entropía Paperstore

La tienda publica en sus redes sociales las nuevas novedades que llegan a la tienda y los cambios en el stock de ciertas marcas. A finales de diciembre, con el cambio de año, y en septiembre, la época en la que se lanzan los modelos nuevos de Hobonichi, sus publicaciones son un vaivén de preguntas sobre ellas y su disponibilidad. En muchos casos, los modelos se agotan en cuestión de horas.

Para Entropía, la papelería japonesa está de moda porque “actualmente, se busca lo exclusivo y de calidad. Y la papelería asiática es eso: innovación, exclusividad, calidad y precios competentes.” Su clientela habitual es variada - de los 25 a 60 años - y aunque tradicionalmente el público de estos métodos analógicos ha sido fundamentalmente femenino, “nos hace mucha ilusión ver cómo cada año son más hombres los que entran en este mundo. No podríamos decir que es un 50/50, pero casi.”

Como suele suceder con este tipo de fenómenos, muchos de estos sistemas de organización, de agendas o de materiales se popularizan a través de Internet. En redes sociales como Instagram o TikTok encontramos decenas de miles de publicaciones donde distintos usuarios comparten sus “ecosistemas de cuadernos”, sus métodos para tomar apuntes y organizar cada página, o simplemente muestran sus creaciones. Formatos como el “junk journaling”, que consiste en utilizar un cuaderno para archivar pequeños objetos “basura”, sin importancia, del día a día, como tickets, papeles y envoltorios, dan particular espacio a la creatividad de cada persona.

En medio de todo esto, subyace una voluntad de tomarse la vida con más calma: estar más presentes y menos enfrascados en Internet, las redes y las pantallas. El influencer Jun Kairo publica todo tipo de contenido sobre estilo de vida, pero ha dedicado varios vídeos a comentar cómo el hecho de escribir a mano y utilizar agendas y diarios le ha ayudado a recuperar su capacidad de atención. Para él, la clave está en “la ausencia de distracciones. A diferencia del móvil —que termina captando nuestra atención constantemente—, el cuaderno no distrae: no hay notificaciones ni nos permite ver qué hacen los demás. Además, aunque pueda parecer contradictorio, siento que existe mucha más flexibilidad y libertad a la hora de tomar notas en un cuaderno físico. Se puede escribir, dibujar, doblar la página en cualquier momento, con muy poca fricción”.

Kairo utiliza varios cuadernos distintos para planificarse, desarrollar su creatividad o reflexionar sobre su día a día. “Quiero ser más consciente de lo que hago, en una era donde todo parece tan vacío y efímero”. Uno de sus vídeos más recientes habla sobre su “cuaderno de consumo activo”: una libreta que utiliza para hacer un registro sobre los libros, películas, series o música que disfruta. 

“El propósito es dejar de ser un mero consumidor pasivo y relacionarme de forma más consciente con la cultura que experimento en sus múltiples formatos, y que moldea mis ideas, valores y opiniones. Es algo que recomiendo encarecidamente a cualquier persona interesada en prestar más atención a los detalles de su vida”, cuenta Kairo. Detalles que, cada vez más, pueden fácilmente quedar diluidos entre modas, tendencias virales, prisas y notificaciones.

Periodista graduada en la Universidad de Zaragoza y especializada en videojuegos, tecnología retro, y tener demasiadas plumas estilográficas. También me podéis ver en Eurogamer.