Natalia Rodríguez, ingeniera y empresaria: “Me niego a meterme en proyectos tecnológicos donde se elimine el componente humano”
Humanismo digital
Del baloncesto profesional a la IA aplicada a la salud, la fundadora del laboratorio de innovación Saturno Labs se ha construido un perfil poco habitual en el ecosistema tecnológico español
“Creamos clones virtuales de tu órgano, para hacer todas las pruebas necesarias antes de operarte”: la magia de la IA en la medicina

Natalia Rodríguez, ingeniera y empresaria tecnológica.

El perfil de Natalia Rodríguez (Madrid, 1990) como ingeniera innovadora es distinto: no quiere prisas, “por eso no aceptamos financiación de capital riesgo”, asegura. Desde su laboratorio tecnológico, Saturno Labs, cuestiona el dilema entre rentabilidad y ética, reivindicando que una empresa tecnológica puede crecer, innovar y, al mismo tiempo, mejorar la vida de las personas a partir de proyectos complejos con impacto social.
Es ingeniera de Telecomunicaciones, con dos másteres que engloban conocimientos en matemáticas, inteligencia artificial y teoría de la señal, y una trayectoria marcada por la curiosidad y el cruce entre tecnología y salud. Pero quiere más: está cursando un doctorado en Ciencias de la Salud para no quedarse fuera de los debates clínicos que forman parte de su trabajo. Conversamos con ella en el marco del encuentro Women Leaders, organizado por Female Startup Leaders (FSL) y Puente Romano Beach Resort, un contexto que encaja con una mirada híbrida que hoy la sitúa como finalista del Premio Princesa de Girona de Impacto Social.
Viene del mundo del baloncesto, donde llegó a jugar con el Estudiantes. ¿Cómo pasa de dedicarse al deporte profesional a fundar y dirigir un laboratorio de innovación tecnológica?
Las piezas fueron encajando. Estuve varios años en ligas profesionales, pero la realidad es que no aprobaba ni el recreo. No podía seguir jugando al baloncesto a ese nivel y al mismo tiempo estudiar una ingeniería en la Politécnica de Madrid. Era insostenible. Me di cuenta de que lo que quería era ser ingeniera, pero tampoco quedarme en la universidad en un grupo de investigación. Luego, viví el boom de las apps móviles. Aprendí Android, iOS, empecé a ganar hackatones y a hacer proyectos.
Y decidió emprender.
Emprender de verdad vino después. Primero empecé con un primer proyecto que nos fue bastante bien, una red social. Después estuve en un proyecto grande internacional y ahí aprendí también cómo funciona una empresa grande por dentro y qué problemas tiene. Y luego vino el gran salto. Me apetecía hacer algo propio y vi una oportunidad de mercado. Yo me había formado en IA, pero mentiría si dijera que había podido predecir todo esto. Solo tenía la intuición de que iba a ser algo muy guay, pero no que superara tanto mis expectativas. Y aquí seguimos, inmersos en nuestro laboratorio de innovación, haciendo proyectos cada vez más complejos y probando cosas nuevas.

¿Qué cosas de su etapa en el deporte influyen en su trabajo?
El deporte profesional te da unas bases tremendas para la vida y, sobre todo, para emprender, porque es un ámbito competitivo, hay estrés y priman resultados. Además, yo jugaba a baloncesto, que es un deporte de equipo donde hay que entender que no siempre va de competir a muerte, sino de buscar alianzas para que ganemos todos. Eso forma parte de nuestro ADN en Saturno Labs.
¿Y a nivel personal?
Perseverancia y paciencia. Entrenaba cinco horas al día para luego pasarme partidos enteros sin que me llegara la oportunidad de anotar un tiro importante. Y encima, cuando llegaba, cabía la posibilidad de fallar. Era sembrar para estar preparada. Hacía falta mucha dedicación y eso hoy se está perdiendo. La gente quiere ser experta en tres minutos. Yo pienso mucho a largo plazo, y esa es la razón por la que no aceptamos financiación de capital riesgo.
La gente quiere ser experta en tres minutos. Yo pienso mucho a largo plazo, y esa es la razón por la que no aceptamos financiación de capital riesgo
No quería que la condicionaran.
Si te entra mucho dinero rápidamente, te condiciona a ciertos números y cierta rapidez de crecimiento. Yo quería una mentalidad más sostenible: crecer y escalar, pero con otra estrategia. Y luego está tener que levantarte tras los fallos. En deporte pierdes todo el rato. Cuando emprendes, tienes que evitar el fallo gordo, el que te mata, pero el resto va de ajustarse a las circunstancias. Por ejemplo, en un proyecto con personas mayores descubrimos que muchos no tenían wifi en casa, lo que hacía inviable nuestra solución tal como estaba pensada. Fue un choque con la realidad que nos obligó a rehacer el diseño y buscar alternativas técnicas para que funcionara de verdad.
Trabajan sobre tecnologías ya integradas en hogares. ¿Dónde está la frontera entre mejorar lo existente e innovar de verdad?
Tiene que ver con el riesgo. Hay gente que dice que innova muchísimo, pero si no hay cierto riesgo, no estás innovando nada. En las ferias tecnológicas te intentan vender constantemente “novedades” que, en realidad, llevan 7 o 10 años en el mercado. Nosotros trabajamos desde dos frentes: la investigación a largo plazo —especialmente en el ámbito de la salud— y el desarrollo de productos complejos que realmente aporten algo distinto. En lugar de un único producto escalable, usamos un sistema de piezas tecnológicas reutilizables que nos permite construir rápido y aplicar soluciones de un sector a otro.
En las ferias tecnológicas te intentan vender constantemente “novedades” que, en realidad, llevan 7 o 10 años en el mercado
El dicho reza que quien mucho abarca, poco aprieta.
Y otro dice que quien pone todos los huevos en la misma cesta, los acaba rompiendo todos. Hay muchas posibilidades en el hecho de actuar como socio de confianza cuando el reto es demasiado complejo para equipos internos, universidades o soluciones cerradas del mercado. La diversificación permite innovar más, asumir riesgos y sostener proyectos sociales menos rentables sin poner en peligro la viabilidad del conjunto.
Trabaja mucho con modelos de lenguaje e interfaces conversacionales. ¿No estamos delegando demasiado en la IA?
Yo soy una ingeniera humanista, así que me toca pelearme con mucha gente por ello. Me niego a hacer proyectos donde eliminemos el componente humano. No creo que salga bien. Si haces un asistente para mayores y no pueden llamar a una persona si lo necesitan, eso no funciona. La calidez importa. La IA tiene que potenciar lo humano, no borrarlo del mapa. Muchas soluciones con voz están pensadas para que tú no hagas nada y para que, cuando acabes hablando con “tu compañía”, sea una IA. Yo no creo en eso.
Si haces un asistente para mayores y no pueden llamar a una persona si lo necesitan, eso no funciona. La calidez importa
Algunos divulgadores sostienen que estamos a nada de utilizar los móviles como dispositivo principal y que activaremos nuestras funcionalidades tecnológicas con la voz.
Estoy de acuerdo. Hay una tendencia fuerte hacia agentes y orquestadores. He probado las nuevas gafas de Meta y sí, tienen buen hardware, pantallita, control con pulsera, cascos integrados, cámara, asistente… Así que piensas: “¿Para qué voy a cargar con el móvil si lo llevo en las gafas?”. Lo de la interacción con hologramas me convence menos, y lo de “meterme un chip” no me convence nada porque es muy intrusivo y tengo mis dudas respecto a la salud.
Cuando se entrena a los asistentes de voz para “entender mejor”, ¿qué sesgos entran? ¿Qué es “entender bien”?
Hemos aprendido mucho trabajando con Fundación ONCE. Hemos hecho proyectos para personas con discapacidad visual, con hipoacusia, con discapacidad intelectual… y te quita el ego de ingeniera. Lo que tú entiendes por “entender”, muchas veces no aplica. Muchas soluciones funcionan por intenciones: quizá no pillan toda la frase, pero captan la intención. Pero cuando el usuario tiene dificultades para vocalizar, por ejemplo, cambia todo. Hay que tener en cuenta no sólo el lenguaje, sino las patologías concretas y las discapacidades para no dejar a nadie fuera. A veces la solución es multimodal: si no te entiende la voz, dar la opción de tocar la pantalla, acompañar con subtítulos… Pero es verdad que muchas compañías no se entretienen en incorporar soluciones para todos.

A mí me preocupan especialmente los usuarios con deterioro neurodegenerativo.
Es que esos casos son de lo más difícil. Y también hay que proteger al usuario. En algunos proyectos excluimos a personas con deterioro cognitivo fuerte por preservación, porque no puedes garantizar al 100% que no derive mal. Hay patologías donde un asistente de IA es imposible que te ayude. Ahí hay que ir con muchísimo cuidado.
En su web dicen que quieren democratizar el acceso a la tecnología y ayudar en accesibilidad, psicología, servicios sociales… ¿Cómo equilibra ética con negocio? ¿No es un oxímoron hablar de “ética empresarial”?
Si la empresa tiene ese propósito y su fundadora también, es posible. En mi caso, tuve un familiar ingresado y yo me mudé al hospital. Eso te cambia la percepción, te da un golpe de realidad. Yo quería montar un laboratorio de innovación de IA por su potencial tecnológico, pero como persona necesitaba darle sentido. Quería estar orgullosa de lo que hacía. Empezamos por aplicaciones relacionadas con la salud, también por esa experiencia personal.
Pero insisto, ¿tener escrúpulos éticos no va en detrimento de la rentabilidad?
Creo más bien lo contrario, que cuando consigues que ciertas cosas sean rentables, puedes causar mayor impacto social. Parece que eso solo puede hacerlo una ONG, y no: desde una empresa tecnológica puedes ayudar muchísimo. Ayudar a los demás no significa dejar de ganar dinero.
Lo reformularé: desde una lógica tecnofeudal, la ética es un freno.
Si tu visión del mundo se limita a los números, claro, la ética te lleva a dar más rodeos y “perder dinero”. Pero es que, como sociedad, tenemos que preservar nuestros derechos. Si nos lanzamos a la IA de cabeza, sin pensar en las consecuencias, nos va a ir mal. El cambio va a ser tan fuerte que, si nos acostumbramos a no hacer nada y lo dejamos todo en manos de la inteligencia artificial, cognitivamente vamos a volvernos torpes. Además, quiero dormir tranquila. Cuando empezamos nos vino un proyecto del sector de las apuestas y dijimos que no. Nos dijeron: “Hay 50 empresas que lo harán mañana”. Perfecto: que lo hagan ellos.
Cuando empezamos nos vino un proyecto del sector de las apuestas y dijimos que no. Nos dijeron: 'Hay 50 empresas que lo harán mañana'. Perfecto: que lo hagan ellos
¿De qué proyecto presente está más orgullosa?
De Lulú. Es un proyecto de audio inmersivo 3D en hospitales. Es raro porque no es “IA pura”, pero nació de mi experiencia en el hospital. Yo hice teleco de imagen y sonido, y empezamos con un prototipo cutre en un iPod, pero hemos evolucionado hasta tal punto que ahora está en hospitales, vamos a entrar en sanidad pública y vamos a publicar un artículo en una revista científica porque queríamos medir el impacto real en pacientes. Nos ha ido muy bien.
¿En qué consiste exactamente?
Buscamos mejorar el bienestar de los pacientes en hospital de día, UCI o planta. A través de cascos de alta calidad, los pacientes escuchan paisajes sonoros que les permiten evadirse durante tratamientos largos y difíciles, como la quimioterapia. Frente a la realidad virtual, el audio resulta más sencillo, menos invasivo y más eficaz: el cerebro completa la experiencia sin mareos ni fricciones técnicas. La IA se utiliza para potenciar la producción y postproducción del sonido, combinando grabaciones reales con efectos avanzados.
¿Y qué proyecto del pasado reseñaría?
Hay varios. Hicimos uno con personas mayores que fue muy bonito porque tenía que ver con paliar la soledad no deseada, sobre todo tras la COVID. También volvimos al mundo del deporte con deportistas de élite, así que diseñar cosas que a mí me hubiera gustado tener como deportista fue muy chulo. Con la ONCE hicimos Cuídate Accesible. Es un asistente pensado para que, aunque no puedas ver, puedas gestionar todo con la voz. Aprendí muchísimo sobre el sesgo que tenemos quienes sí vemos. Y el equipo de la Fundación ONCE es una maravilla. Esto se hizo en equipo, con pruebas reales, con feedback continuo, y el producto final cambia mucho respecto a lo que tú pensabas.
La transversalidad es lo suyo.
Totalmente. Durante años pensé que mi perfil era tierra de nadie: negocio, ciencias de la salud, mates, ingeniería… y a la vez soy muy “cultureta”, me encanta la filosofía, la historia. No soy la ingeniera prototípica. Con el tiempo entendí que ahí estaba el valor, que de ahí podía salir una empresa diferente.
¿La interdisciplinariedad es la clave de la creatividad?
Sí. La IA va a destrozar el perfil del ingeniero reducido a un solo campo de acción. Se va a necesitar a gente que sepa suficiente de todo para orquestar agentes.


