Opinión

Esas locas aladas

Ataque de una gaviota a una turista, para arrebatarle la comida que acaba de comprar en el Mercat de la Boqueria 

Ataque de una gaviota a una turista, para arrebatarle la comida que acaba de comprar en el Mercat de la Boqueria 

Mané Espinosa / Propias

En las culturas chamánicas las bandadas son vistas como mensajeros divinos. Vale. En las narrativas bíblicas la paloma encarna la perfecta pureza. Vale. Y hoy en día hay quien suelta fortunas por gobernar el vuelo de las aves más especiales (Armando, la campeona mundial de las palomas mensajeras costó 1,2 millones a su orgulloso dueño chino) o por saborearlas como objeto de alta gastronomía. Vale...

Ataque de una gaviota a una turista, para arrebatarle la comida que acaba de comprar en el Mercat de la Boqueria 
Ataque de una gaviota a una turista, para arrebatarle la comida que acaba de comprar en el Mercat de la Boqueria Mané Espinosa

Pero llegados en formación, los pájaros, sean como sean y los que sean, intimidan. Los estorninos aterrorizan a ciudades enteras con su impresionante soltura intestinal y el malaje que gastan. Las cotorras asustan con sus picotazos y su verborrea en verde exótico. Y las palomas, aunque sean bíblicamente blancas o gastronómicamente puras (no como las que servían en el restaurante de “los horrores” que Sanidad acaba de clausurar en el barrio madrileño de Usera), son un incordio al alza. Aburren con sus vuelos y ronroneos erráticos, con su delirio reproductivo que los necios que bajan a la calle en pijama alimentan con sucio pan mojado.

Las gaviotas molestan desde siempre; son malas y, según el Antiguo Testamento, impuras

Eso sí, las reinas del susto son, con diferencia, las gaviotas. Los pájaros de Hitchcock. Son inteligentes. Colaborativas. Planificadoras. Y ladronas. Diseñan, chillonas, sus propias bandas criminales para hacer sus hurtos más eficaces. Si pueden hacerse con un bocadillo, una pizza, una paella... ¿para qué acudir a los vómitos callejeros, a descuartizar palomas degradadas en gris enfermo?

Su acoso no es nuevo. Sencillamente están refinando sus artes perversas. Las adaptan a los nuevos tiempos. En el 2018 un comando de cuatro agredió a una vecina en su terraza del paseo de Gràcia. Salió para evitar que los dos gatos que tenía en custodia fueran liquidados y acabó cosiendo severas heridas en urgencias. Pero ella y las gaviotas enemigas ya se conocían de antes: primero una le sisó un bistec de la cocina y pronto comenzaron a llegar más y más valientes. ¡Horror! ¡Además, tienen memoria! Tu no distinguirás una de otra, pero ellas sí se acuerdan de ti y de lo que les has negado.

Los patinaires de la Barceloneta, más preocupados por los vuelos en picado de estas locas aladas que de la línea de flotación de sus minicatamaranes, lo vienen diciendo de hace décadas. Son malas. En el Antiguo Testamento (Lv. 11:16 y Dt. 14:15) ya se señalan como aves ¡impuras!

Etiquetas