Opinión

Boletaires contra pixapins

A la espera de la república, los cazadores de setas son el ejército de Catalunya: luchadores, tenaces e inasequibles al desaliento. Según la estimación que más le conviene a este artículo, Catalunya tiene 2,5 ­millones de boletaires a los que imagino pletóricos por un otoño tan propicio, aunque su innata modestia los convierta en eternos ­descontentos.

 
 Mané Espinosa

–¡Ya están aquí los pixapins!

Nota para el lector de Tomelloso: pixapins es una expresión catalana para designar a los urbanitas que se acercan a la naturaleza los días festivos, dicen a todo “que macu!”y regresan arrepentidos por donde han venido, bien porque los niños se ponen pesados, bien por falta de cobertura.

Los verdaderos cazadores de setas –no confundir con el grupo de alcaldes que visitó el santuario de Waterloo el lunes– son gente entrañable que se relaciona con la naturaleza para sacarle unas perras en forma de setas.

¿Es lícito que los pixapins puedan salir a cazar setas con más voluntad que acierto?

Todas las setas son comestibles –algunas solo una sola vez– y alegran la butifarra como la cuadrilla de Roca Rey al maestro.

Ya imagino que en este otoño cumbre para los hongos, los boletaires renegarán en arameo cuando los pixapins les pregunten:

–¿Por aquí hay muchas, verdad?

–Sí, bajando a la derecha ya verá usted un Caprabo.

No es que el boletaire sea antipático, sino que custodia el bosque, al que de tanto querer, hace suyo como los talibanes las montañas de Afganistán. De ahí que impartan lecciones de superioridad a los pixapins, grandes fajadores que pisan en falso por los senderos y tienen fama de destrozar los musgos donde crecen níscalos, colmenillas y trompetas de la muerte.

A modo de venganza, los pixapins son propicios a hacerse selfies, dejar ubicaciones y huellas digitales de los rincones donde han cazado setas, indiscreción que desquicia a los boletaires, como en su día el rodaje de Les eXXcursionistes calentes, un clásico del cine porno catalán que presenta un Montseny donde todo el monte es orégano y el postre mel i mató ...

En un mundo polarizado, boletaires contra pixapins sería un gran debate. Y un buen combate de fondo del Gran Price.

Joaquín Luna Morales

Joaquín Luna Morales

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Nacido en Barcelona, licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra y becado un curso en la Missouri-Columbia University, entró en 'Guyana Guardian' en 1982, donde ha hecho casi de todo. Corresponsal en Hong Kong (1987-1993), Washington (1993-96) y París (1996 al 2000). Ha cubierto tres elecciones presidenciales en EE.UU., tres en Francia, las guerras de Kuwait, Irak, Ucrania y Gaza, los funerales de Hiro Hito, Rajiv Gandhi, Deng Xiaoping, Nixon o Hassan II, el 11-S de Nueva York, el accidente nuclear de Fukushima así como tres mundiales de fútbol y los JJ.OO de Seúl, Barcelona, Atlanta y Atenas. Redactor jefe de Internacional y actualmente articulista del diario. Ha perpetrado tres libros: 'Menuda tropa', 'Esta ronda la pago yo' y 'Cuando de dejan'.