El obispo que se vendió al zar

la comedia humana

Conocen el cuento del obispo que vendió su alma a Rusia? Por si no, aquí va. Disfrazada de historia de espionaje, es una parábola sobre la mezcla de tragedia y comedia macabra que define la guerra de Vladímir Putin en Ucrania.

opi 3 del 30 novembre

 

Oriol Malet

Nathan Gill es hoy un fiel de la Iglesia mormona. La fundó un estadounidense llamado Joseph Smith en 1830 después de que se le apareciera un ángel llamado Moroni. El ángel le entregó un libro de oro en el que una novedosa versión del Dios cristiano prohibía el consumo de alcohol, café, té negro y tabaco, pero permitía la poligamia.

Gill, galés de nacimiento, fue obispo de la Iglesia durante seis años, hasta que se incorporó como diputado al Parlamento Euro­peo por el partido político británico de extrema derecha Reform UK, dirigido por su amigo y fan de Putin, Nigel Farage. El FSB, el servicio de inteligencia rusa, vio en Gill una presa fácil. Aparte de deducir que era un personaje confuso y frágil, el FSB se informó de que tenía problemas de dinero, quizá como consecuencia de otra obligación que Dios impone a los mormones, donar el 10 por ciento de sus ingresos a la Iglesia.

Entre el 2018 y el 2020 un agente ruso le entregaba dinero a Gill a cambio de que leyera discursos ante el Parlamento Europeo redactados en Moscú. El objetivo era, primero, justificar la invasión de Ucrania que comenzó con la anexión de Crimea en el 2014 y, segundo, abonar el terreno para lo que sería la guerra de conquista rusa en febrero del 2022. Los ventrílocuos del FSB tenían un irónico sentido del humor. Le hacían decir cosas a Gill como que el Gobierno ucraniano era “represivo” y atentaba contra periodistas, acusaciones que se podrían aplicar con bastante más justicia al régimen ruso.

La aventura de Gill no ha tenido un final feliz. Fue detenido por la policía antiterrorista en el aeropuerto de Manchester en septiembre del 2021 rumbo a Moscú. Admitió su culpabilidad ante un juez y la semana pasada fue condenado a diez años y medio de prisión. La policía estima que el agente secreto mormón había recibido unos 45.000 euros en dinero ruso.

Nigel Farage, otro idiota útil del Kremlin, podría acabar siendo primer ministro del Reino Unido

Pese a que la población británica está abrumadoramente en contra de Rusia y a favor de Ucrania, el impacto político ha sido nulo. Es una curiosidad de nuestros tiempos que los partidos políticos parecen ser inmunes a cualquier escándalo. Según las últimas encuestas, Reform UK, el partido de Gill, es el claro favorito para ganar las próximas elecciones ge­nerales británicas. Los expertos políticos en Londres contemplan como una seria­ posibilidad que Nigel Farage –po­pulista antieuropeo, pro Putin, pro Trump– acabe siendo primer ministro.

Da igual que se sospeche que Farage también haya recibido sobornos de los rusos. No existe ninguna prueba de ello, pero Farage se ha expresado mucho más a favor de la invasión rusa en Ucrania que el infeliz Nathan Gill. Ha declarado con frecuencia que las provocaciones de Occidente en general, y de la OTAN en particular, no dejaron más remedio a Putin que invadir. Farage se suma así a la larga lista de los idiotas útiles del Kremlin que incluye a miembros de otros partidos de extrema derecha europeos, a académicos estadounidenses varios, a Donald Trump, a su vicepresidente, J.D. Vance, y a su enviado especial para negociar el fin de la guerra de Ucrania, Steve Witkoff.

Para ser justos, aunque cueste, se entiende que haya gente que busque lo que considera una explicación racional para la guerra. Lo que pasa es que no es racional pensar que Putin está tan loco como para creerse que tenía que lanzar una guerra preventiva para evitar que la OTAN invadiera territorio ruso. Está loco, pero por otros motivos, más absurdos todavía.

¿Qué castigo les tocaría a Trump y compañía por complicidad en el absurdo proyecto imperial de Putin?

He estado siguiendo la prensa rusa a través de un resumen diario que hace el corresponsal de la BBC en Moscú hace una década, época en la que los periodistas rusos tenían menos miedo a Putin que hoy. Uno de ellos, alerta a lo que se venía, escribió en el 2018 lo siguiente: “Lo que me asusta es la incapacidad de nuestros líderes de abandonar los mitos soviéticos sobre la hermandad de los rusos y los ucranianos. Tenemos que enfrentarnos a la verdad. Es gracias a que los actuales líderes rusos se aferran a este mito, por su deseo de hacer todo lo posible para mantener Ucrania dentro de la esfera de influencia rusa, que nos están llevando a una nueva guerra fría, a una peligrosa confrontación no solo con Occidente sino con la civilización global moderna”.

Evidentemente el periodista intuía los pensamientos del zar Vladímir. En julio del 2021 Putin escribió un artículo publicado en el portal del Kremlin en el que dijo todo lo que tenemos que saber sobre la invasión que ordenaría siete meses después. Titulado “Sobre la unión histórica entre rusos y ucranianos’, el texto dice que se trata, no de dos pueblos, “sino de uno, entero y singular”; y que “el muro que ha emergido en los años recientes entre Rusia y Ucrania, entre partes de lo que es esencialmente un espacio histórico y espiritual, es en mi opinión una desgracia compartida y una tragedia”. En las cinco mil palabras del texto aparece la palabra OTAN dos veces, y solo de paso, no como argumento. Más frecuente (seis veces) es el uso de la palabra nazi para definir el régimen del presidente judío de Ucrania, Volodímir Zelenski. La diatriba de Putin termina con lo que solo se puede inter­pretar como una broma cruel: “Rusia
no es ni será nunca ‘anti Ucrania’. Lo que será Ucrania lo decidirán sus propios ciudadanos”.

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Los periodistas de la prensa oficial rusa no fallaron en su interpretación de lo que Putin tenía en mente. Uno escribió: “Estamos en la antesala de algo muy grande, quizá algo más que muy grande. Estamos en la antesala de lo que podría ser una enorme convulsión”.

Una pregunta. Si Nathan Gill se merece sus diez años y medio de cárcel, ¿cuántos se merecen los demás idiotas útiles? ¿Qué castigo sería el indicado para Donald Trump y compañía por su complicidad en un trasnochado, absurdo y grotescamente innecesario proyecto imperial, una convulsión trágica que ha provocado el secuestro de 20.000 niños ucranianos, la huida de más de siete millones de refugiados y, entre muertos y heridos en ambos bandos, más de un millón de víctimas, con muchísimas más a la vista?

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