Opinión

Jordi Pujol (*)

Siempre he admirado al político, economista y profesor Andreu Mas-Colell, y no porque una noche de septiembre de 1983 me librara de dormir en el banco de un parque en el centro de Cambridge (Massachusetts) ofreciéndome una cómoda y exclusiva habitación del Faculty Club de Harvard. Eran los días previos a la invasión de la isla de Granada y aquel campus hervía.

 
 Kike Rincón/ Europa Press

Más allá de aquella anécdota, la pasada semana Mas-Colell publicó un artículo en este diario titulado “El president Pujol”, coincidiendo con el inicio del juicio al político y sus hijos. Se los acusa de delitos fiscales, cohecho, asociación ilícita, tráfico de influencias y blanqueo de capitales.

En su texto, Mas-Colell comparaba a Pujol con Prat de la Riba y Francesc Macià a la hora de liderar “momentos fundacionales de instituciones que derivan de la aspiración colectiva de dotar a Catalunya de un cuerpo de Estado, manteniendo el alma catalana”. El economista incluía como cata­lanes relevantes a Josep Tarradellas y a Pasqual Maragall, y se definía como un “nostálgico de la nonata sociovergencia”.

Parece garantizado un escrutinio eterno sobre si Pujol fue positivo o negativo para Catalunya

Mas-Colell citaba los seis ejes de la política de Pujol:

1. Catalanidad y lengua.

2. Economía potente.

3. Democracia y bienestar.

4. Excelencia.

5. Pragmatismo político.

6. Europeísmo.

Durante el pasado fin de semana, conversé con colegas y conocidos sobre la figura de Pujol, que ya no ostenta el título de honorable. Como ocurrió en el debate digital suscitado por el artículo, algunos coincidían con Mas-Colell; otros sostenían que esos seis ejes no llegaron realmente a plasmarse en obras de Estado, salvo la creación de TV3 y los Mossos d’Esquadra, y tampoco faltaban quienes reducían todo su legado a una sola palabra: corrupción.

Aunque la sentencia final marcará inevitablemente la valoración histórica de Pujol, lo que sí parece garantizado es un escrutinio eterno sobre si su figura fue positiva o negativa para Catalunya. Podría sucederle lo mismo que a Richard Nixon: el caso Watergate acabó definiendo su trayectoria.

Lo que resulta evidente es que, sea cual sea el resultado de este juicio, la sombra de la duda acompañará siempre a Pujol. Habrá quienes intenten blanquear y reivindicar su figura y quienes preferirán denostarle y vilipendiarle, pero, al igual que le ocurrió a Tricky Dick, su nombre quedará marcado por un debate interminable. Un debate para la eternidad y un nombre señalado con asterisco.

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