Opinión

La Navidad en el arte y la cultura

En la catedral de Canterbury, una de las joyas del gótico inglés, siempre me ha impresionado pisar las piedras blancas que son el testimonio del asesinato del arzobispo Tomás Becket, ordenado por el rey Enrique II de Inglaterra el 29 de diciembre de 1170. Eran las fiestas navideñas que fueron evocadas por dos geniales actores como Richard Burton en el papel de arzobispo y Peter O’Toole como rey locuaz y caprichoso en la película Becket.

 
 Àlex Garcia

Burton se enfrenta al poder real demostrando que la conciencia puede ser más poderosa que la ambición de un rey caprichoso. La Navidad ha inspirado la literatura, la pintura y el arte desde tiempos antiquísimos. Para creyentes, no creyentes e indiferentes.

Los Cuentos de Navidad de Charles Dickens son siempre actuales por su carga moral en tiempos de grandes desigualdades producidas por el capitalismo manchesteriano. Muchos quieren emular a aquel Dickens de Tiempos difíciles, pero pocos lo consiguen en esta era de grandes abismos sociales planetarios.

Se dibuja la esperanza de que un mundo más justo y más humano es posible

Maragall y Verdaguer se han complacido en sus emotivas recreaciones describiendo el ambiente de aquel Belén de hace veinte siglos. El editorial de The Wall Street Journal publicará el próximo día 24 el mismo editorial que se escribió en 1949 y que lleva por título “In hoc anno Domini”. Había injusticias, esclavitud y opresión para quienes plantaban cara al César. Entonces, sigue el editorial, hubo una luz en el mundo y un hombre de Galilea, de nombre Jesús, que decía que había que dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, hablaba de otro reino. Fue un giro histórico que abrió un surco profundo en la historia humana.

Pero simultáneamente apareció Herodes y la matanza de los inocentes. Los dramas se han repetido a lo largo de los siglos, también en estos días. En Navidad de 1979, Brézhnev invadió Afganistán y el imperio soviético inició su voladura. Fue el 25 de diciembre de 1989 cuando el dictador rumano Ceausescu fue derrocado y ejecutado en directo ante la incredulidad global.

La Navidad no detiene la historia ni paraliza las guerras aunque da la oportunidad para detener temporalmente el odio y la confrontación entre los humanos. Es la esperanza de que un mundo más justo es posible.

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