Las Claves
- La felicidad familiar varía; la dicha puede ser un acto de rebelión contra el pesimismo.
- Un 14% cortó lazos por política; la división familiar es una preocupación recurrente.
- Las reuniones familiares no son obligatorias; la armonía y el respeto son clave.
- La dicha se encuentra en el hogar y otros ámbitos, excluyendo a quienes dañan.
Tolstói, al redactar que “todas las familias felices se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera”, legó una de las citas más perdurables de la literatura. Sin embargo, la realidad es que cada hogar es distinto y existen diversas formas de dicha. En épocas de retórica sombría, esa dicha puede constituir un gesto de rebelión, especialmente cuando el pesimismo y la supuesta división son tendencia.
En su tradicional publicidad de Navidad, una compañía de carnes procesadas aborda la división social como un aspecto perjudicial que requiere enmienda, empleando para ello personalidades conocidas que promueven retórica de animosidad, de las cuales prefiero alejarme por completo; por supuesto que me ubico en la posición contraria a la ultraderecha, sería lo esperado. Adicionalmente, una investigación ha revelado que el 14% de los ciudadanos ha cortado lazos con amistades o familiares este año debido a diferencias políticas. Esto me evoca el período de procés, cuando en 2017 se afirmaba que el movimiento independentista estaba fracturando núcleos familiares.
Este año, un 14% de las personas ha cortado lazos con amistades o familiares debido a desacuerdos de índole política.
Esa Navidad la pasamos en Madrid, ya que allí residen mis tíos y primos, y mi abuela también vivía allí en ese entonces. En esta ocasión, ellos son quienes viajarán a Catalunya. Solemos juntarnos cada dos años y, sumando a quienes llegan desde Mallorca, seremos más de veinte personas. Nos hospedaremos en una casa de campo. No todos compartimos las mismas inclinaciones políticas, y no existe prohibición alguna para debatir o conversar sobre política. Cuando existe una buena relación, esto no tiene por qué desembocar en un conflicto. Para mantener una buena relación, además del respeto mutuo, es necesario el respeto hacia los demás. No es válido demandar que se respeten ciertas ideas que se fundamentan en la descalificación y el señalamiento del otro; eso es hacer trampa y no desearía compartir una comida con alguien que proceda de esa manera.
Si la reunión familiar no transcurre en armonía, es mejor prescindir de ella. No existe ningún deber de juntarse, ni siquiera por ser una costumbre. Tampoco se debe anticipar que el evento será perfecto como en la ficción cinematográfica, ni que se producirá una reconciliación, ya que esto no siempre es factible y, de hecho, puede ser preferible. Aquel que comprende a su propio núcleo familiar puede comprender el mundo, lo cual no implica que pueda solucionar los problemas de ninguno de los dos. Facilita la ubicación personal y la determinación del propio sitio. Un hogar unido se asemeja mucho a un hogar dichoso. Sin embargo, en ocasiones, la dicha se encuentra en otros ámbitos. Por consiguiente, independientemente del lugar o las personas, excluyendo a quienes empañan nuestra existencia: alegres festividades.
