Sobre Rosalía, figuras santas y activistas feministas

Las Claves

  • Rosalía evita la etiqueta de feminista mientras se inspira en Simone Weil para explorar la espiritualidad y la equidad social.
  • La pensadora Simone Weil experimentó el rigor industrial y mantuvo una fe profunda sin integrarse formalmente en la Iglesia Católica.
  • El texto reivindica el feminismo como base de la autonomía financiera y afectiva frente a las persistentes desigualdades de género.
  • La artista Rosalía difunde figuras como Hildegarda de Bingen y Rosa de Lima para buscar alivio en una sociedad convulsa.

Al oír a Rosalía contestar que no se sentía lista para llamarse feminista, argumentando que las etiquetas ideológicas son complicadas, a pesar de reconocer que convive con planteamientos feministas, recordé otra situación de alejamiento terminológico, si bien más profundo, el de Simone Weil respecto a la fe católica. Efectivamente, la pensadora libertaria y espiritual, inspiración de la artista, que inicia la acción en Lux mediante un fragmento propio: “El amor no es cobijo, es luz”. Así, la perceptiva Weil logra infiltrarse en un entorno tan distante del pensamiento filosófico como son las reproducciones de YouTube.

Mural de Rosalia realizado por TV BOY en la Plaza Joanic

 

Ana Jiménez

Recientemente, se ha rescatado con fuerza su legado, el de una descendiente de judíos laicos y acomodados que se formó en la Sorbona, coincidiendo en clases con Simone de Beauvoir, la cual sostuvo que le atraía más la aptitud para la piedad que la emoción de Weil. Ella decidió trabajar en una planta industrial para experimentar el mismo rigor que los trabajadores: “Al ponerse ante la máquina, uno tiene que matar su alma ocho horas diarias, el pensamiento, los sentimientos, todo…”, relató a su compañera Albertine Thénon. Weil se entregó físicamente a la protección de la equidad social; se acercó al catolicismo sin definirse formalmente, y no se ha comprobado que recibiera el bautismo antes de fallecer, tal como sugirió un biógrafo. “Los lazos que me atan a la fe católica se van tornando cada vez más fuertes, cada vez más arraigados en el corazón y en la inteligencia. Al mismo tiempo, las ideas que me alejan de la Iglesia también van ganando fuerza y claridad”, manifestaba. La espiritualidad de Weil no resultó superficial, sino de corte platónico: “Cristo era un vagabundo, y Platón pinta precisamente al Amor como un vagabundo miserable”. Sin embargo, radicalizó su búsqueda mística y, afectada por la tuberculosis, permitió su propio deceso al rechazar toda comida que excediera las porciones permitidas en la Francia ocupada. Su filosofía invocaba los requerimientos del espíritu, incluyendo la observación de lo bello y el poder creativo de la mente para escapar de la vacuidad. Renunció a la facultad de filosofía para partir por las noches en los botes de los pescadores de Reville; secundó a los milicianos frente a Franco –aunque la falta de humanidad y la violencia la motivaron a alejarse de las revoluciones–. Weil fue la intelectual de Occidente final que manifestó la trascendencia como algo verídico. Se mantuvo en “el umbral de la Iglesia”, según sus términos; no obstante, su biografía fue la de una santa.

Se percibe un ambiente espiritual, pese a tratarse de una vivencia visual: el aroma del incienso, la disposición a la introspección personal.

Resulta llamativo que Rosalía opte por lucir el hábito religioso sin ser creyente, mientras manifiesta cierta timidez al definirse como feminista. Al observar el significado real del concepto, que es la protección de la equidad de derechos y posibilidades para ambos sexos, tal reparo parece innecesario. ¿Existiría Rosalía de no ser por las pioneras del sufragio, las investigaciones de género o la legislación igualitaria? Rememoré mi confusa juventud, época en la que discutía con mis amistades feministas alegando que el colectivo homosexual carecía de más garantías legales que las propias mujeres. La enseñanza del feminismo al concluir la década de los ochenta circulaba de forma casi clandestina. Mediante esa formación logramos valorar el trayecto recorrido por quienes nos precedieron. Debido a ese legado, construimos nuestra autonomía en los ámbitos financiero y de pensamiento. Asimismo, nos brindó la base para establecer fronteras en los vínculos afectivos, sin coach : frente a cualquier indicio de maltrato, el adiós definitivo.

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Aunque parezca que vivimos un hiperfeminismo, cuestiono que los contemporáneos de Rosalía logren experimentar una paridad absoluta. No pretendo cansar con estadísticas deplorables, los feminicidios cometidos por compañeros o antiguos vínculos, las niñas abusadas por Epstein, o la explotación infantil como industria lucrativa. Es suficiente con observar el lenguaje privado de los mandatarios sobre el género femenino, su percepción de nosotras y su posición de superioridad. Existe un problema persistente que no se soluciona. En consecuencia, aplaudo que Rosalía utilice conceptos feministas y reivindique a las figuras místicas durante este periodo de desilusión general. Actualmente, lo espiritual impregna el ambiente en una sociedad convulsa y molesta, incluso si se trata de una cuestión de imagen. El aroma a incienso junto a la introspección sugieren buscar alivio en la tranquilidad, desprendiéndose de diversas ataduras. Se busca distanciarse un poco de la realidad cotidiana. Al tiempo que Rosalía difunde la identidad de mujeres sagradas, desde la extraordinaria Hildegarda de Bingen hasta Rosa de Lima, los cultos evangélicos se expanden sin freno. Estas brindan estructuras menos rígidas, mayor cohesión grupal y una creencia sentimental basada en la sencillez. Despojadas de rigideces y doctrinas pesadas, estas oraciones seculares contestan a aquello que bloquea la claridad.

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