Las Claves
- La autora reflexiona bajo la ducha sobre sus errores y pérdidas personales ocurridos durante la última década de su vida.
- Imagina regresar al año 2015 para
Bajo el chorro de agua, me puse a reflexionar a mi manera. Es de los escasos sitios donde el pensamiento vuela libre, casi el refugio final para la desconexión. El hecho es que hice un balance propio de estas fiestas. Medité sobre ciertos aspectos que este año podría haber gestionado mejor. Pronto, el vapor y mi bruma temporal me empujaron a repasar la década entera. Evocé frases que desearía no haber pronunciado. Actos que realizaría de otra forma. Con mayor delicadeza. O tal vez con menos. Me lavé los brazos considerando equivocaciones que tuve en mi empleo. Con el jabón en el pelo, recordé a aquel compañero que se alejó. Algún conflicto innecesario. Una amistad que se perdió. La añoré mientras me frotaba el abdomen con coraje. Me pregunté si habría podido frenar la cadena de equívocos que terminó por mancharnos. Lloré por mis difuntos de estos diez años con el champú irritándome la vista. Pensé en todo aquello que nunca les expresé. Anhelé con vehemencia volver a vivir la última década y enmendarlo todo. Lo deseé con tal energía navideña que las agujas del reloj retrocedieron en el interior de mi mente encendida. Y tuve la certeza de que, al abandonar el baño, me hallaría de nuevo en el 2015.
Inundada por un ímpetu navideño feroz, se me ofrecía la alternativa de regresar diez años atrás. Alterar lo que quisiera, con total consciencia. Entendí que al dejar el aseo mis allegados, ignorándolo todo, serían una década más jóvenes. Y yo igual, resuelta a sacarle todo el partido a esta nueva ocasión.
Retornar a lo antes vivido se transformaría en el tormento de procurar recordar cada momento para reproducirlo con total fidelidad.
No obstante, al cerrar la llave del agua me quedé paralizada. Me reencontraría con los difuntos, es cierto. ¿Pero qué sucedería con los que siguen aquí? ¿No resultaría una imprudencia alterar el más leve componente de ese frágil dominó que nos ha permitido sobrevivir hasta el día de hoy? ¿Qué ocurriría con todo lo que en la actualidad funciona aceptablemente si yo modificara cualquier pequeño eslabón de la serie de eventos que nos trajo hasta este punto? Presa del pánico, medité sobre la catástrofe que podría originar el salir de casa, una tarde cualquiera, apenas cinco minutos antes. Comprendí que en esta nueva ocasión solo desearía calcar con precisión la anterior, a pesar de todo. Acariciar el cabello de mi hijo en el preciso segundo, dar tragos iguales a cada café, tomar el mismo tren.
Regresar a lo vivido supondría el tormento de tratar de rememorar cada instante con el fin de replicarlo. Accioné el mando del agua caliente y volví a cubrirme de jabón por todo el cuerpo anhelando frenar aquel prodigio.
