Quedarse en casa

Las Claves

  • El PSOE sufrió una caída histórica en Extremadura obteniendo solo el veintiséis por ciento de los votos tras décadas de dominio electoral.
  • Escándalos internos, corrupción y

La estrepitosa caída del PSOE en las elecciones extremeñas del último domingo fue de gran magnitud: apenas alcanzó el 26% de los sufragios, a pesar de que a partir de 1983 había sobrepasado la barrera del 50% en cuatro citas electorales, hace escasamente seis años llegó al 47% y en el 2023 obtuvo el 40%, su cifra más baja hasta ese momento.

Existen diversos motivos –cada uno de ellos entendible– que justifican esta caída: una formación desgastada en su interior debido a escándalos de corrupción y actitudes machistas, un bloque opositor (que no resulta modélico) que lo hostiga de forma constante, un aspirante judicializado y con escaso carisma, la tendencia populista a nivel mundial, el reducido nivel de asistencia a las urnas, la válida modificación en la intención de los votantes, entre otros factores.

Ciertos factores del fracaso del PSOE se distinguen con mayor nitidez que otros.

No obstante, existe un motivo más complejo de entender: la falta de movilización de bastantes votantes socialistas que optan por permanecer en sus hogares en lugar de acudir a las urnas. ¿A qué se debe este comportamiento? ¿Se muestran demasiado exigentes y juzgan que una formación con fallos y en declive no merece su apoyo? ¿Se dejan llevar por la apatía, el descuido o la pasividad? ¿Están tan satisfechos que piensan que ya no se requieren más medidas sociales (o ecológicas, de igualdad o de asistencia)? ¿Consideran factible mantener sus principios teóricos mientras, de hecho, facilitan el ascenso de la derecha y los ultras para que asuman el mando, reduzcan tales iniciativas y pongan en marcha las opuestas?

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Jero Morales / EFE

Resulta recomendable abandonar el hogar. Ya sea para reunirse con amistades, acudir al empleo, ir al cine o al teatro, nadar, montar en bicicleta o caminar por la montaña. A veces sentimos desgana, es verdad. Pero al regresar, con los pulmones limpios, el empeño se traduce en bienestar. Del centro de votación, donde desde hace siglos muchos se limitan a elegir al aspirante menos dañino, no se sale con euforia. No obstante, solicitar que se asista cuando es debido no constituye una petición exagerada.

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Cuestionar a los representantes públicos es ya una actividad nacional con más seguidores que el fútbol. Motivos sobran. Sin embargo, realizarlo casi a diario para luego no tomarse el trabajo de votar cada cuatro años –esta vez el periodo fue de dos y medio por el adelanto–, teniendo la posibilidad de regresar a casa y descansar en el sofá el resto de la tarde para reponerse de tal esfuerzo, puede parecer propio de personas perezosas, incongruentes, cándidas o temerarias. Y esto acarrea repercusiones, como se comprobará más temprano que tarde.

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