¿Cuántos cuandos?

Las Claves

  • La tradición de los Santos Inocentes consistía en recortar siluetas de papel llamadas llufas para pegarlas discretamente en la espalda ajena.

Consistía en: empleando unas tijeras –“niño, con cuidado, no te cortes”– recortar sobre un papel, frecuentemente de diario viejo, el contorno de una persona. Una representación sencilla, básica. Un emblema. Un bosquejo masculino o femenino similar, tal vez, a los que aparecen en los accesos a los aseos de sitios públicos corrientes, con el fin de señalar al cliente el camino correcto. Tras elaborar esa sutil silueta, se buscaba a los afectados para adherirles con mano vacilante y en el dorso dicha creación cándida. El objetivo participaba fingiendo asombro, o no. Y el grupo de niños, que aguardaba el año entero para fijar, mediante un alfiler, sus hazañas en vestimentas de otros, rompía en risas. “¡Inocente! ¡Inocente!”. A esa criatura la denominábamos llufa y su apogeo ocurría el día de los Inocentes. Jornada de chanzas inofensivas y engaños simples en diarios y emisoras. En comercios y despachos. En los hogares. En realidad, un pacto implícito. Con la naturalidad de los pequeños más que de las pequeñas.

Un excursionista luce la llufa de los Santos Inocentes en la espalda camino del Puig de Dòrria.

 

Carles Roura

Representa un inconveniente para los entusiastas de las costumbres y ceremonias inofensivas este santo, y su festejo se borró del calendario.

Aquello sucedió en el momento en que..., y aquí presento una sucesión de instantes: Cuando Barcelona se organizaba de forma mucho más comunitaria por sus barrios. Cuando el franquismo lo impregnaba todo de una tonalidad grisácea. Cuando la vida transcurría principalmente en los espacios públicos. Cuando la prensa se editaba en papel. Cuando los momentos de júbilo resultaban poco habituales. Cuando la mofa no provocaba dolor. Cuando todavía perduraba la candidez. Cuando la infancia se vivía con plenitud. Cuando la melancolía todavía no nos había alcanzado. Cuando el bienestar se exhibía con orgullo. Cuando ocultábamos los pesares cotidianos. Cuando manteníamos la fe en algún propósito. Cuando nuestra destreza mental se ligaba a la caligrafía y se remitían postales. Cuando peleábamos por un porvenir más próspero. Cuando el sector de la publicidad todavía no condicionaba nuestras pautas de consumo. Cuando no se nos imponían requerimientos ficticios. Cuando la telefonía se utilizaba para dialogar. Cuando los individuos conversaban en los descansillos, los patios de la vecindad o las filas del mercado negro. Cuando “prohibida la blasfemia y la palabra soez” aparecía en los tranvías y los buses…

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Joan-Pere Viladecans
Varias personas observan el ambiente navideño en la Fira de Santa Llúcia de Barcelona, en la plaza de la Catedral, a 5 de diciembre de 2024, en Barcelona, Catalunya (España). El gasto medio de los españoles previsto para estas Navidades será de 583 euros por persona, lo que supone un aumento del 3% en comparación con las fiestas del año 2023, según el último informe sobre la intención de gasto en Navidad realizado por Observatorio Cetelem. Aquellos consumidores comprendidos entre los 40 y 44 años son quienes estiman gastar más de media durante las fiestas navideñas, unos 711 euros por persona.

En la época en que todavía no conversábamos con aparatos. Cuando las personas fallecían en sus hogares. Cuando se prestaba atención a los ancianos. Cuando se derramaban lágrimas en las salas de cine. Cuando deseábamos que existiera igualdad entre varones y mujeres. Cuando todavía desconocíamos que la política se convertiría en una enorme llufa. Cuando…

Todo aquello y bastante más, evocando la jornada de los Santos Inocentes. Por tal motivo, resultaría un desenlace sumamente evidente finalizar estos escritos vacilantes con un “la vida es una gran inocentada”. No obstante, ahí queda la idea.

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