Las Claves
- Pasqual Maragall impulsó la perfección arquitectónica de Barcelona tras recibir críticas constructivas sobre el pabellón Mies van der Rohe en Nueva York.
- Barcelona será la
Hacia noviembre de 1986, el primer edil de Barcelona, Pasqual Maragall, se trasladó a Nueva York, al poco tiempo de que la capital catalana fuera designada como anfitriona de los Juegos Olímpicos de 1992.
El MoMA se encontraba en su programa y en ese sitio fue atendido por los responsables del centro. Xavier Roig, el director de gabinete del alcalde, me facilitó la entrada a la sesión. A lo largo de la charla, un trabajador del MoMA comentó que, tras un desplazamiento reciente a Barcelona, estuvo en las instalaciones del pabellón Mies van der Rohe, en Montjuïc, y observó que los peldaños de la escalinata de entrada mostraban niveles asimétricos.
Tras marcharse, dentro del elevador, Maragall, notablemente enfadado y ante Inmaculada de Habsburgo, titular del Spanish Institute, instó al urbanista del ayuntamiento Ignasi de Solà-Morales, quien allí se encontraba, a modificar el proyecto enseguida. Aquel suceso sintetizaba una forma de dirigir y de mostrar Barcelona internacionalmente: atender, enmendar y buscar la perfección.
Al cabo de cuatro años, Maragall viajó a Boston. Harvard le entregaba el reconocimiento Príncipe de Gales de diseño urbano a raíz de la remodelación de Barcelona. Los examinadores mencionaron cierto abandono y suciedad en distintos puntos, aunque las felicitaciones fueron totales. Barcelona había evolucionado en dimensiones y propósitos. El título del premio Príncipe de Gales se encuentra hoy en una lúgubre oficina de juntas en la sala Lluís Companys, un lugar que no hace justicia a un galardón de esta envergadura.
Durante el transcurso de 2026 Barcelona se convertirá en la Capital Mundial de la Arquitectura.
Existen construcciones globales, tales como el Bank of China de Hong Kong, diseñado por I.M. Pei, o la Ópera de Sydney, obra de Jørn Utzon, que por su cuenta ameritan una visita. Dentro de Barcelona, la combinación de obras maestras de Antoni Gaudí, Lluís Domènech i Montaner, Josep Puig i Cadafalch, Norman Foster, Arata Isozaki, Toyo Ito o Jean Nouvel resulta verdaderamente asombrosa.
Barcelona se convertirá en la Capital Mundial de la Arquitectura durante el 2026. Se celebrarán los cien años del fallecimiento de Gaudí y se finalizará prácticamente la construcción de la Sagrada Família. Asimismo, aguardarán la llegada de profesionales y multitud de visitantes internacionales sitios como el Palau Güell, Sant Pau, el Palau de la Música, la torre de Collserola, el Sant Jordi o la torre Glòries.
Los habitantes de Barcelona tendrían que involucrarse en este periodo dedicado a la arquitectura para asegurar su triunfo. Es posible lograrlo actuando con civismo, cuidando su entorno urbano, preservando la limpieza y sirviendo de modelo para los turistas. Todos deberíamos cuestionarnos de qué forma ayudar a Barcelona… sin permitir que la solución dependa de terceros. Próspero 2026.
