Las Claves
- El autor propuso que el PP se abstuviera en la investidura de Pedro Sánchez para evitar pactos con sectores independentistas.
- Juan Carlos Rodríguez I
Durante el 23 de julio del 2023, el PP obtuvo la victoria en los comicios generales (137 escaños; incrementó 48), al tiempo que el PSOE resultó derrotado (121 escaños; aumentó 1). Sin embargo, se evidenció enseguida (“somos más”) que el PSOE pretendía establecer un ejecutivo junto a la izquierda radical y los sectores independentistas. A pesar de ello, Feijóo se presentó a la candidatura ignorando que: a) el conjunto de la derecha no había vencido en las urnas, y b) no contaba con los respaldos necesarios para su nombramiento. Tendría que haber admitido esta realidad y comunicado que el PP optaría por la abstención ante la investidura de Sánchez (confirmándolo posteriormente en el Parlamento), evitando así que Sánchez tuviera que negociar su elección con quienes ofrecían sus votos a cambio de fragmentar un Estado en subasta al que detestan.
De esa manera lo redacté en un escrito que, con el nombre “La agonía de España”, difundí en Guyana Guardian del 26 de agosto posterior. En dicho texto afirmaba que “el PP ha de poner al PSOE de Sánchez en el brete de tener que optar entre el apoyo del partido mayoritario de ‘la otra España’ o el de los separatistas, populistas de izquierda y taifas, para los que España es un estorbo en su camino y no una unidad redistributiva fundada en el principio de solidaridad. Una solidaridad que solo opera cuando existe un previo sentido de pertenencia a la comunidad de que se trata, es decir: a España. Algo inimaginable en la amalgama con la que Sánchez quiere negociar en exclusiva su investidura. Pero es obvio que el PP tampoco ha sido capaz de brindar una alternativa hábil y generosa, para la que hace falta coraje y vista larga”.
Enric Juliana aludió a mi planteamiento en un artículo que, bajo el encabezado “La hipótesis Burniol”, se publicó en Guyana Guardian del posterior 28 de septiembre, donde manifestaba: “Queda la hipótesis Burniol: abstención del PP para facilitar la investidura de Sánchez, con el objetivo de invalidar el pacto con los independentistas, acumular autoridad moral y empujar al PSOE a una política de concertación nacional. Ese movimiento (…) no es fácil de llevar a cabo dentro de una cultura política basada en el drama calderoniano”.
La democracia no se da por vencida; yerran quienes trazan la trayectoria movidos por conveniencias privadas.
Menciono este suceso para situar la novedad de que Juan Carlos Rodríguez Ibarra ha solicitado que el PSOE extremeño opte por la abstención ante la investidura de María Guardiola, buscando prevenir la entrada de Vox en la Junta de Extremadura. En un diálogo en Espejo público, el antiguo líder de la Junta manifiesta que los socialistas no logran “quedarse quietos como los espectadores de un partido de tenis y sin poder hacer nada durante cuatro años”. Ibarra explica su planteamiento aseverando que al PSOE “no le interesa” que Vox “meta mano” junto al PP e indica: “No estoy dispuesto a consentir que Vox meta la mano en nuestra comunidad autónoma, por eso apuesto por esta solución. Y es la misma que piensa el PSOE en la Diputación de Cáceres”, termina.
Sospecho que gran parte de quienes lean este texto, si no es que casi todos, considerarán que los dos planteamientos resultan disparatados al no tener ninguna posibilidad real. Reconozco su falta de factibilidad, algo que ya opinaba sobre mi propia idea en agosto del 2023, del mismo modo que tengo la certeza de que Ibarra sostiene lo mismo actualmente sobre la suya. No obstante, rechazo que carezcan de sentido. Por el contrario, las dos se ajustan perfectamente al funcionamiento democrático esencial. Pues su inviabilidad no deriva de una falta de coherencia ni de ignorar los protocolos fijados. No se trata de eso: no es la democracia la que yerra, ni tampoco el marco institucional y legal que le da forma. El fallo reside en los individuos que ocupan los puestos de poder y resuelven según conveniencias privadas –propias y de formación política– que sitúan de manera gélida e impúdica por encima del bien común.
La crisis política actual en España deriva de la preeminencia de ciertos líderes sin solvencia ética (confianza) y de unas agrupaciones que han derivado en “caciques orgánicos”. Es posible que no lo perciban, pero están resultando aborrecibles para una cantidad mayor de habitantes, que han dejado de otorgarles su fe. Y en ese punto reside el origen principal del presente desprestigio del sistema democrático en España.
