Las Claves
- El Departament de Drets Socials i Inclusió de la Generalitat intervino para reubicar a doscientos extranjeros desprotegidos en Badalona.
- El regidor de Badalona dejó a personas humildes bajo el viaducto de la autopista C-31 durante la pasada Navidad.
- El autor critica la falta de estructuras de bienestar social y defiende el auxilio mutuo frente a la desprotección.
- Resulta paradójico que algunos ciudadanos rechacen los derechos humanos mientras otros huyen de países sin ninguna salvaguarda pública.
En nuestra condición de grandes simios, considero que nuestro mayor logro ha sido establecer sistemas que nos protegen de quedar desamparados cuando las circunstancias se vuelven adversas, incluso cuando todo se complica. Este concepto resulta tan extraordinario que apenas se ha implementado en regiones limitadas del mundo, y de forma incompleta, hace menos de cien años. Existe asimismo una gran cantidad de primates que desconfían de esto; el hecho de prestarnos auxilio mutuo, aun siendo desconocidos, les genera un enfado inusual.
Afortunadamente, en este territorio existen instituciones que brindan amparo a los ciudadanos, incluso si son personas negras y humildes. Debido a ello se ha logrado, por ejemplo, reubicar a los más de 200 extranjeros que quedaron desprotegidos al aire libre, en plena estación invernal, mediante un gesto de espanto en Navidad de los que marcan época por parte del regidor insensible de la ya famosa Badalona. Resultará complejo borrar la estampa gélida de los desafortunados que vivieron la Navidad cristiana 2025 debajo del viaducto de la autopista C-31.
Todavía estremece la gélida imagen de quienes transcurrieron la Navidad debajo del puente de la C-31.
Resulta positivo que el Departament de Drets Socials i Inclusió de la Generalitat haya intervenido para mitigar la dureza de un Consistorio –que aparentaría ser de ultraderecha aunque simplemente pertenezca al Partido Popular– respaldado por 50.185 electores que quizás se consideran bendecidos por una gracia superior que los protege de cualquier contratiempo. Individuos que perciben mayor seguridad –contradicciones de la existencia– dentro de un entorno carente de salvaguarda pública o refugio alguno. Un escenario caótico, extrañamente parecido, en este aspecto, al que dejaron atrás arriesgando su integridad los migrantes desalojados. Resulta llamativo que la carencia de estructuras de bienestar social y la vulnerabilidad resultante que padecen gran parte de las naciones africanas, se convierta de repente en esta región, por lo observado, en la meta de nuestras estrategias contra la inmigración africana. Cada uno librado a su propio destino.
Vale la pena señalar a los individuos que experimentan malestar por las demasías de los derechos humanos que hay vastas regiones de la Tierra donde la nación de sus fantasías ya es una realidad. Se nos vienen a la mente distintos países de África –precisamente los lugares que abandonan estos migrantes desplazados– en los cuales podrían residir con plenitud, sin imposiciones para entregar ni un fragmento de su patrimonio de origen a personas en la miseria. Singular paradoja. Ese entorno inclemente de sus anhelos ya existe y sospechamos que les daría una bienvenida cordial.
