El rey del mundo

Las Claves

  • Donald Trump utiliza el escarnio y el interés mundial como herramientas de liderazgo para transformar sucesos políticos en escenografía.
  • La captura de Nicolás Maduro se presenta como

Donald Trump no aplica la autoridad: la representa. No dirige los sucesos, los transforma en escenografía. Según su método, el escarnio y el interés mundial funcionan como herramientas de liderazgo.

Venezuela ejemplifica de manera ideal el procedimiento. Trump instruye la ofensiva, capturan a Nicolás Maduro. Carece de reserva o diplomacia: existe una narrativa. El desplazamiento original ocurre vía marítima, cual si el siglo XXI requiriera una ambientación decimonónica. Organiza un encuentro con los medios a las once horas en su residencia estival, lejos de la Casa Blanca. Previamente, para despejar dudas sobre el centro global, otorga una charla a la Fox. La comunicación debe difundirse primordialmente desde el entorno propio.

President Donald Trump points to a reporter to ask a question during a news conference at Mar-a-Lago, Saturday, Jan. 3, 2026, in Palm Beach, Fla. (AP Photo/Alex Brandon)

   

Alex Brandon / AP

Siendo las once de la mañana, Trump no se presenta. Los medios y el planeta aguardan. Pasan diez minutos. Veinte. Treinta. Hasta que Trump comparte en su Truth Social la captura definitiva: Maduro rebajado, vistiendo un chándal Nike estadounidense, con grilletes y la vista vendada. No es un retrato legal, es una victoria. No comunica, prevalece.

Según la perspectiva de Trump, la disciplina no se pacta, se impone, y la autoridad se ostenta.

Trump se presenta con un retraso de 37 minutos. Permanece allí por una hora. Describe la maniobra como quien relata una victoria alcanzada. Alardea de sus éxitos. Se toma la libertad de menospreciar a María Corina Machado, dirigente de la oposición venezolana y premio Nobel de la Paz. Posteriormente lanza advertencias: Groenlandia, México, Colombia, Cuba... A Europa la liquida con una mueca de hartazgo, como si fuera un territorio subvencionado que conversa en exceso y resuelve escasamente. Y está en lo cierto... Y después, se marcha.

Su estrategia internacional no persigue el equilibrio ni las normas: persigue el sometimiento. La organización no se pacta, se dicta. Y el reconocimiento no se edifica, se ostenta. Trump comprende un factor que diversos mandatarios todavía no han aceptado: la autoridad actual no se evalúa únicamente mediante acuerdos o milicias sino a través del dominio del interés público. Aquel que domina la estética, domina la narrativa y quien domina la narrativa, gobierna. Por tal motivo demora su llegada. Por esa razón degrada abiertamente. Debido a que cada instante de demora se proyecta como el eje global dentro de su propia plataforma.

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Donald Trump no busca un planeta bajo control: desea un planeta que lo observe. Y a lo largo de aquel extenso tiempo, mientras los medios esperaban, mientras Europa permanecía en silencio, mientras América Latina guardaba la respiración, lo logró. El monarca carecía de diadema real. No obstante, todos comprendían quién ejercía el poder.

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