La vida no es sino una continua sucesión de oportunidades para sobrevivir. Lo escribió Gabriel García Márquez y lo ha interiorizado como nadie Pedro Sánchez. En su segundo mandato, Donald Trump se ha propuesto no solo llevar la iniciativa en los conflictos abiertos en el planeta, sino también resolverlos a su manera, sin atender a la diplomacia y al derecho internacional. Pero, además, pretende en cada iniciativa sacar un beneficio económico para su país o su entorno. El papel de Europa no puede ser más triste, sin capacidad de iniciativa ni de respuesta.
En este contexto, Sánchez intenta erigirse como líder europeo y desmarcarse de Trump. Ya lo hizo en la crisis de Gaza y repite con la de Venezuela. Tras la detención de Nicolás Maduro y su esposa, le hemos visto al lado de los gobiernos de izquierda de Latinoamérica, que no se resignan a que se imponga un nuevo orden con la ley de la selva.
Sánchez intenta erigirse como líder europeo ante el expansionismo de Trump
El presidente intenta marcar perfil propio en la UE y se ofrece como puente entre la oposición venezolana y el Gobierno de Delcy Rodríguez. Resulta preocupante la incapacidad de la UE de plantar cara a Trump en cualquier asunto. La próxima iniciativa es apoderarse de Groenlandia. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, avisa que hay que tomarse seriamente la amenaza sobre la anexión de la isla. Pero para el presidente americano la geopolítica es lo más parecido a jugar al Monopoly.
Sánchez está convencido de que el tablero se ha movido y los ciudadanos están más preocupados por lo que pasa en el mundo que por lo que sucede en su país. El PP va con el paso cambiado en este asunto, porque no acaba de definir claramente su opinión sobre el expansionismo trumpista. La vicesecretaria Cuca Gamarra dijo que el PP respalda la detención de Maduro, pero no tiene claro si Washington ha vulnerado el derecho internacional. A los populares les sobran dudas y les falta discurso. Es por esa razón que la FAES, que preside José María Aznar, ha salido al paso para marcar las líneas maestras, criticando a Trump, porque no pretende tutelar un proceso de transición en Venezuela, sino colonizar el país con tal pretexto. Y añade con ironía: Delcy Rodríguez no es Torcuato Fernández Miranda.
