El ‘Lebensraum’ de Trump

EL RUEDO IBÉRICO

Las Claves

  • Trump busca desarticular el sistema democrático liberal para implementar un modelo autoritario que elimine restricciones al poder presidencial estadounidense.
  • El mandatario pretende recuperar el destino

Coexistir con Trump, más allá de los reproches y el malestar que genera, exige comprender su lógica para anticipar de algún modo sus acciones y reaccionar de manera consecuente. Los eventos en Venezuela, o los posibles sucesos en Groenlandia, derivan de un pensamiento autoritario que, lejos de ser errático, persigue metas concretas. Se apoya en esquemas de evaluación pragmáticos y utilitarios con fundamentos políticos elementales. Todo ello enfocado en frenar lo que él percibe como el declive de Estados Unidos y de la totalidad de Occidente.

Considera que las normas derivadas de operar bajo un Estado de derecho y una democracia liberal limitan la agilidad de EE.UU. Ante los desafíos del siglo XXI y los cambios sociales derivados de la era digital. Debido a esto, descarta la legislación internacional y los protocolos oficiales que restringen el uso de la autoridad democrática. La primera razón es que encadena a EE.UU. A límites territoriales establecidos durante el siglo XIX, los cuales el derecho internacional del XX ratificó como permanentes después de dos conflictos mundiales. Se creía que esto fomentaría un entorno global de paz, una idea que el siglo XXI ha refutado con el retorno de los conflictos bélicos como extensión, según Clausewitz, de la política mediante otras vías. En cuanto a los segundos, para un líder respaldado por una corriente política que busca “hacer grande de nuevo a América” (MAGA), supeditar la expansión política y territorial de la nación al cumplimiento de las formalidades del liberalismo representa una carga arriesgada y una contradicción.

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Perico Pastor

Con el propósito de superar aquellas normas que percibe como obsoletas, Trump busca devolver a Estados Unidos el relato fundacional de la “nueva frontera” que dio origen a las premisas del denominado “destino manifiesto”. Bajo su visión, nada debe limitar el crecimiento de su dominio territorial. Esto se debe a que uno de los pilares históricos que impulsaron el surgimiento de la nación fue la necesidad de progresar colectivamente ampliando sin fronteras su base geográfica para activar y fomentar el espíritu emprendedor de una sociedad que se desplazaba sin trabas de este a oeste por el continente. Así ocurrió con Texas, California, el Medio Oeste y Alaska. De igual modo podría suceder actualmente con Groenlandia si se convirtiera en la “nueva frontera” del Ártico y desatara una ambición similar a la del oro mediante centros de datos y recursos estratégicos que promuevan un nuevo “destino manifiesto”, esta vez de norte a sur y con un carácter tecnológico.

No obstante, con el fin de estimular anímicamente el anhelo de continuar expandiendo los límites que vuelvan a hacer grande a Estados Unidos, se requieren un par de elementos adicionales. Inicialmente, transformar el sistema democrático y, posteriormente, organizar esa difícil zona posterior que se inicia hacia el sur del río Grande y que habitualmente ha sido calificada por Washington como su propio patio trasero.

Según el mandatario de EE.UU., la geopolítica constituye una rivalidad entre naciones poderosas que exige ‘espacio vital’

Está logrando el primer objetivo con gran rapidez. Se encuentra desarticulando el sistema democrático liberal para reemplazarlo por un modelo más básico, fundamentado exclusivamente en el cumplimiento de “un hombre, un voto” y “quien tenga la mayoría gobierna en nombre de todos”. El resto le resulta innecesario, especialmente la intrincada estructura de equilibrios y las normas de procedimiento que restringen la autoridad de quien gobierna tras ser elegido por el pueblo. Considera que tales limitaciones son una forma de autodestrucción, no únicamente porque obstaculizan la grandeza de América en el panorama mundial, sino debido a que su supervivencia es inviable bajo las restricciones del pensamiento liberal. Los acontecimientos en Irán, Gaza, Ucrania, Nigeria y recientemente en Venezuela se explican mediante esta premisa simple. Dicha teoría debe analizarse dentro de la disputa que mantiene EE.UU. Frente a su adversario chino. Es preciso recordar que Trump es consciente de que buscan quitarle el dominio mundial y alcanzar la hegemonía antes de que concluya la primera mitad del siglo XXI. Por tal motivo, si desea fortalecer a América, debe evitar el ascenso de China. Esto exige consolidar una influencia imperial mediante el dominio de las materias primas en América Latina, además de solucionar los problemas que merman su control regional, como el tráfico de drogas, el flujo migratorio y la presencia de administraciones contrarias a sus objetivos neocoloniales.

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Trump carece de perfil intelectual o de valores éticos sólidos, sin embargo, pese a su carácter impulsivo y el desorden que proyecta, diseña una estrategia lógica que busca establecer un régimen democrático autoritario para rivalizar con China en igualdad de condiciones y derrotar a su adversario al seleccionar el campo del conflicto bélico. Su formación sentimental proviene del sector de los bienes raíces y la especulación. En consecuencia, comprende los fundamentos de la geopolítica mediante la lógica del mercado de propiedades en una de las urbes globales con el suelo más costoso. Dicha visión le permite interpretar la esencia geopolítica como una pugna de fuerzas que requiere espacio vital. Es improbable que conozca la obra de Karl Haushofer, el teórico que influyó en Hitler respecto a sus planteamientos sobre el Lebensraum o espacio vital. Posiblemente ignore que este intelectual germano popularizó la noción de que la persistencia de una nación está ligada a poseer territorio bastante para cubrir sus requerimientos. No obstante, es casi seguro que dos figuras clave de su entorno íntimo, Peter Thiel y Alexander C. Karp, lo han estudiado minuciosamente. Principalmente debido a que ambos supervisan el manejo de las plataformas de inteligencia artificial que han dirigido las operaciones antinarcóticos, los ataques aéreos en Irán y Nigeria, o la reciente incursión de fuerzas especiales en Venezuela que detuvo a Maduro, permitiendo que Trump amplíe la hegemonía de Estados Unidos por todo el globo sin bajas propias y bajo la estética de una avanzada simulación geopolítica.

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