Las Claves
- Un hombre acompaña a su tío a un examen neurológico preventivo mientras oculta sus propios problemas de memoria y confusión mental.
- Durante las pruebas cognitivas el
Desconozco la fecha precisa en que escolto a mi tío a un chequeo neurológico. Él se ofrece voluntario para un análisis sobre la prevención de dolencias neurodegenerativas debido a que le angustia su memoria a corto plazo. He pasado por alto comentarle que a mí me ocurre igual. A quién no. La cuestión es que acudo como escolta del supuesto afectado. Nos hallamos en un complejo de investigación, en una zona periférica que en este instante no evoco. He amanecido con gran aturdimiento mental, pero simulo que capto todo lo que sucede.
Desde una silla alejada, presencio la prueba cognitiva que le practica a mi tío una neuropsicóloga con coleta, la cual desprende una ansiedad inusual. Respondo en mi interior a las interrogantes que ella formula como en un interrogatorio policial. Al comienzo acierto. Sin embargo, en el área de las matemáticas mi tío logra restar de siete en siete, desde trescientos hacia abajo, con mucha más habilidad que yo. De las tres palabras que le ha pedido memorizar y mantener –zapato, teléfono y cuchara –, al poco tiempo, a mi tío y a mí la cuchara se nos pierde entre las nieblas. Él la recobra antes que yo. Cuchara, exclama. Me siento indispuesto.
Resulta complejo determinar el grado de desconcierto social que se vincula con la celeridad de la existencia actual.
Siempre que la médico me pregunta, como persona a cargo, si existen cambios en el proceder de mi tío, suelo falsear casi todo. No tengo claro desde cuándo lo percibo más confuso. Ya sean meses o años. Exclamaría: mi tío es muy sagaz, cuiden de mí.
Al revisar el historial médico de mi tío, la neuropsicóloga nota que su médico de cabecera es un compañero de profesión. Ubico al doctor Tal, comenta con un tono peculiar. Es algo distante, menciono simplemente por comentar. Posee sus manías, sí, añade ella con picardía. Justo entonces, tomo mi teléfono al recibir un watsap, y la especialista reacciona: Si me has grabado, bórralo ahora mismo. ¿Grabado el qué? Mis palabras sobre el doctor, responde bastante alterada. Cuestiono en qué tipo de trama de intriga habita esta señora. Imagina una situación donde yo presento ante la federación de neurólogos una grabación donde ella afirma, con sorna, que un compañero tiene sus peculiaridades. Sujeto sus manos: descuide, no soy ninguna infiltrada. Resulta complejo discernir qué parte de la pérdida de juicio colectiva se debe al ritmo vital acelerado, caótico y tecnológico, y qué parte es desgaste mental biológico, o si ambos factores se retroalimentan. Sin embargo, en este momento mi tío tendría que evaluarnos a ambas. Por lo menos él es consciente de su estado.
