Las Claves
- Estados Unidos y China compiten por la primacía mundial en un escenario que evoca la peligrosa trampa de Tucídides.
- China desafía la supremacía de
Nos hallamos en una transformación total del sistema mundial, donde las normas jurídicas están siendo reemplazadas por el dominio de la fuerza. Estados Unidos ha ejercido sin duda la hegemonía dominante durante muchos decenios, tanto en el ámbito financiero como en el técnico y el armamentístico. Ante tal autoridad, China ha surgido hace varios años como una nación rival que compite por la primacía mundial. Las acciones en Venezuela requieren ser examinadas igualmente bajo el marco de este enfrentamiento. Trump desea apartar a China de su área de predominio. Dentro de este panorama, al estudiar la política internacional actual, frecuentemente se mencionan referencias a la célebre trampa de Tucídides. Tesis que detalla la fricción surgida entre un imperio dominante que decae y otro que prospera, lo cual podría derivar en un enfrentamiento armado.
En el plano financiero, las reformas de Deng Xiaoping marcaron el comienzo de una etapa que permitió armonizar su crecimiento de mercado con el mando autoritario del Partido Comunista. Un capitalismo desenfrenado junto a una gestión política centralizada. A partir de ese momento, China ha ido aproximando gradualmente su PIB al de Estados Unidos. No le resultará sencillo aventajarlo y todavía queda por confirmar si afianzará su lugar como la segunda potencia económica del planeta. De cara al porvenir, India desempeñará un papel relevante en esta cuestión.
En el terreno tecnológico, los chinos representan un peligro veraz para la supremacía norteamericana. Previamente, productos como gorras, juguetes y camisetas made in China dominaban el intercambio comercial externo. Actualmente, los automóviles eléctricos (Tesla aventajada por BYD), las piezas de energías renovables o la IA confirman su ambición de alzarse como la potencia líder.
América enfocada en Estados Unidos (y no en los americanos), ¿y Asia, a quién le concierne?
Respecto a la fuerza armada, aunque es verdad que Estados Unidos mantiene una superioridad evidente en términos mundiales, la distancia se ha acortado significativamente en el ámbito convencional, especialmente dentro de la región Indo-Pacífico, núcleo del dominio planetario y eje estratégico principal de la actualidad y el porvenir de las relaciones exteriores. La exhibición castrense más grande de la trayectoria de China efectuada el último septiembre, contando con Putin y Kim Jong-un junto a Xi Jinping, representó una muestra patente de su potencial guerrero y un recado de influencia universal. Cifras publicadas después resaltan todavía más el progreso de la capacidad bélica de China. Específicamente en la rama marítima, esencial para el panorama venidero del área Indo-Pacífico. China dio a conocer el portaaviones Fujian, su navío de combate más sofisticado, el cual posee innovaciones aptas para competir con el USS Gerald R. Ford y, poco después, lanzaba al agua un impresionante portadrones destinado a vigilar el mar de China. Incentivos, ciertamente, para la prometida flota naranja de Trump.
La región del Indo-Pacífico constituye, en consecuencia, el escenario de confrontación entre el predominio estadounidense y el ascenso de China. Actualmente, la rivalidad entre estas naciones carece de matices militares. Asimismo, Taiwán representa un objetivo anhelado por China, y Pekín rechazará cualquier intromisión externa en su propósito de integración territorial. El reciente aviso dirigido a Japón por parte de “quien juegue con fuego perecerá por el fuego” junto a las palabras de Xi Jinping durante el Fin de Año funcionan como una clara señal de advertencia. El 2049, centésimo aniversario de la fundación de la República Popular China, se perfilaba como el plazo final para resolver los efectos remanentes del conflicto civil entre comunistas y nacionalistas, definido por el mandatario chino como “la imparable reunificación nacional”, no obstante, los eventos en Venezuela han facilitado el camino de Xi hacia Taiwán.
Por consiguiente, una acción militar de China en Taiwán quizá ya no encarne el peligro de conflicto bélico que Tucídides describió respecto a Esparta y Atenas. Sin embargo, en Asia el reto de los chinos no termina en Taiwán. Si Trump rechaza a los chinos en su entorno cercano, ¿consentirán ellos que los norteamericanos transiten por el suyo? América para Estados Unidos (no para los americanos), ¿y Asia, para quién? ¿Reside aquí el peligro renovado de Tucídides? Cualquier cosa es factible, e incluso probable. Del mismo modo que es posible que el gran choque armado de los decenios venideros ocurra en Europa, contando con la tolerancia de chinos y norteamericanos. ¡Dios no lo permita! Sea como sea, en este panorama geopolítico de esferas de influencia, resta una cuestión por aclarar. La más relevante para nosotros: ¿será Europa para los europeos?
