Las Claves
- España registra un aumento del treinta por ciento en patologías mentales y las bajas psiquiátricas crecieron setenta por ciento en Catalunya.
- El autor critica la excesiva demanda
Al analizar las estadísticas sobre el bienestar emocional, como las que este periódico difundió ayer, España empieza a recordar a la gallina turulata: un tercio de los ciudadanos padece algún trastorno mental, se registra un 30% más de patologías que en el 2016 y las bajas de carácter psiquiátrico han aumentado un 70% en Catalunya a lo largo de los últimos cinco años.
Y la madre de mi novia me mira mal, diría Loquillo...
Aparentemente, el escenario se optimizaría no tanto rescatando el repertorio de Manolo Escobar, sino mediante la incorporación masiva de psicólogos, pues la carencia actual de especialistas públicos eleva –muy a su pesar– la ingesta de antidepresivos.
¡El erario puede con todo!
Respaldo totalmente la iniciativa. Del mismo modo que el alza del presupuesto en Defensa los lunes, la financiación del tren de cercanías los martes, la subida de cualquier prestación vigente o por venir los miércoles y sucesivamente hasta el domingo, instante en que mi organismo exige lionesas, un descanso y la rebaja de los impuestos.
Requerimos una mayor cantidad de especialistas en salud mental y, tal vez, una población que no se incline tanto al lamento.
Desde hace una temporada, la población no deja de exigir prestaciones a la Administración –algunas de ellas excesivas– y esta, en vez de advertir que no existen recursos para tales requerimientos, asiente a todo, como es de esperar. Una dinámica que consolida su autoridad (y vuelve inmadura a la sociedad). ¡Qué agradable debe de ser comportarse como un Rey Mago durante todo el ciclo anual!
Me da la sensación de que si la administración pública reclutara a unos 800.000 psicólogos, los datos de salud mental que ahora resultan alarmantes se elevarían todavía más, situación que obligaría a contratar a todos los profesionales de Argentina o de la propia Escandinavia, territorio de gente atribulada.
Utilizando recursos de los que carecemos, hay personas que confían en que el Estado –ya ocurrirá– nos proporcione motivación y recomendaciones favorables a costa de aquellos con patologías mentales severas, en lugar de simples periodos complicados por un desengaño amoroso. Posiblemente sea necesario enfatizar –a riesgo de parecer pasado de moda– la escasa aptitud para manejar la decepción que transmitimos, la nula relevancia de la obligación propia o la olvidada disciplina del sacrificio. Esta noción de que el Estado deba facilitarnos –y financiar– la dicha...
