De caseros e inquilinos

Las Claves

  • La autora relata su inseguridad habitacional en Barcelona pese a tener buenos propietarios y evitar incrementos abusivos de renta.
  • El precio de los alquileres en Barcelona

He contado con fortuna respecto a mis propietarios. En ninguna de las nueve viviendas que he arrendado en Barcelona me incrementaron el precio por encima del IPC. Soy consciente de que al menos dos de ellos todavía optan por inquilinos que sientan el hogar como propio y lo protejan antes que asumir los peligros de la temporalidad, que es más rentable.

Carecer de conflictos con mis arrendadores no impidió la ansiedad que sentí especialmente a partir del estallido de la crisis del ladrillo. En aquel tiempo mis ingresos externos disminuyeron, aunque el coste de la renta se mantuvo idéntico. Me daba temor solicitar un descuento ante la posibilidad de que el dueño pensara que me faltaba liquidez. Las expulsiones causadas por el impago de préstamos hipotecarios empujaron a numerosas personas hacia el arrendamiento, elevando así la competencia. Por ello, al trasladarme a una vivienda más económica y de menor calidad, el dueño halló rápidamente a otro arrendatario.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez, y durante el acto de demolición de los primeros edificios del acuartelamiento de Campamento, a 12 de enero de 2026, en Madrid (España). El Nuevo Barrio Campamento, que contempla la construcción de al menos 10.700 viviendas a precios asequibles en el suroeste de Madrid, toma impulso con el derribo de 57 antiguas edificaciones de uso militar.

El mandatario Pedro Sánchez y la ministra Isabel Rodríguez durante el acto que inicia las tareas del Nuevo Barrio Campamento de Madrid 

Alberto Ortega / Europa Press

A los 34 años, me vi obligada a convivir de nuevo en una vivienda compartida. Al progresar mi situación, me mudé de forma independiente a un inmueble más atractivo. Sin embargo, pese a tener un arrendador excelente, persistía en mí la angustia por la falta de seguridad, ya que observaba que en mi entorno numerosas viviendas se transformaban en alojamientos turísticos, o que conocidos debían abandonar Barcelona debido a que un grupo inversor adquirió el edificio donde residían, o bien porque, tras el fallecimiento del dueño, su heredero optó por la venta, justo en la etapa más difícil para hallar otra opción en la urbe, donde el precio de los arrendamientos se ha incrementado cuatro veces por encima de los sueldos durante los últimos diez años. ¿Qué ocurriría si yo sufría idéntica suerte?

Al residir en una propiedad alquilada, tu estancia en ese lugar está sujeta a la voluntad de un tercero.

Vivir de alquiler representa estar bajo la espada de Damocles, ya que la continuidad en el hogar está condicionada por la voluntad de otra persona. Los ingresos medios de los sujetos que obtienen beneficios por arrendar doblan a los de los inquilinos de larga duración. En las épocas de mayor dificultad por la merma de mis ganancias, debía seguir cumpliendo con mis obligaciones tributarias y con la renta, que consumía el cincuenta por ciento de lo que percibía. Exonerar a los propietarios del pago del IRPF no soluciona la crisis habitacional, sino que insiste en derivar fondos públicos hacia el ámbito privado.

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Dada la coyuntura de crisis que vivimos hoy, ¿resulta tan difícil implementar una extensión de tres años para los arrendamientos en áreas tensionadas, castigar las irregularidades en los alquileres temporales y de habitaciones, y empatizar con la posición del arrendatario, en lugar de proceder como si la relación con el propietario se diera en condiciones de paridad?

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