Opinión

El rey del Monopoly

En su reciente entrevista en el The New York Times, y sin que viniera a cuento, el presidente Donald Trump dijo de repente: “Era realmente bueno en el sector inmobiliario. Quizá era mejor en el sector inmobiliario que en la política”. Y, ante la sorpresa de los cuatro periodistas que acudieron al despacho oval, remató su opinión: “Soy un gran tipo del sector inmobiliario”.

 
 Seth Wenig / LaPresse

La mentalidad de Trump, forjada en la lucha del real estate de Nueva York, es, sin duda, una de sus guías personales a la hora de afrontar la política exterior de Estados Unidos. El mundo es para Trump como una partida de Monopoly y, como en la jungla inmobiliaria de la Gran Manzana, amenaza sin rubor a otros propietarios a quienes desea arrebatar su propiedad.

Al principio de este mandato dijo que quería anexionarse Canadá, y de momento ha colocado casitas en las casillas de Venezuela, Groenlandia y Gaza, y asegura estar dispuesto a realizar alguna operación en Cuba e Irán. Observa de cerca a Ucrania, aunque no termina por intervenir porque está atento a los movimientos en el otro lado del tablero, donde se apercibe de que Rusia quiere mantener territorio ucraniano y China aspira a Taiwán.

Trump se guía por el instinto inmobiliario de su lucha en el ‘real estate’ de Nueva York

La tercera guerra mundial no ha estallado, pero el mundo registra hoy numerosos conflictos. Hay crisis abiertas de diversa índole en Tailandia, Camboya, India, Pakistán, Afganistán, Armenia, Azerbaiyán, Sudán, Birmania, Yemen, Rusia, Ucrania, Líbano, Gaza, Israel, Irán, Siria, Níger, Venezuela, Cuba y México. También en EE.UU., donde la actuación de una policía con sesgos raciales, el ICE, fomenta una tensión y un desgaste social crecientes marcados por un innecesario tiroteo mortal y miles de agresiones, detenciones y deportaciones, algunas ilegales.

Trump se siente seguro a la hora de analizar el mundo. Se siente un máster del universo. Tiene dinero, poder, no teme a la justicia y actúa sin pensar en las consecuencias. Su subconsciente le traicionó ante los periodistas, pero, lejos de reforzar su imagen, lanzó un mensaje inquietante. La geopolítica no consiste en actuar sin pensar en las consecuencias, sino en buscar avances que garanticen la seguridad de las personas, refuercen la democracia y aseguren un futuro en paz. Y no parece ser esta la visión del rey del Monopoly.

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