
La crueldad
No es necesario aprender a ser crueles. Nos viene de fábrica. Fuerzas destructivas que nos llevan a lastimarnos y lastimar a los demás. Cruel, etimológicamente, viene del latín crudelis, que define aquel que hiere para verter sangre, que se complace viendo como la sangre brota de las heridas. Y de un modo poético que ha perdurado, Nietzsche nos aleccionó de nuestras pulsiones de muerte, del riesgo de acercarnos para mirar directamente al abismo porque llega el momento en que es el abismo el que se mira en ti. El abismo ya nos mira. El mundo de la crueldad sin máscaras. Y parece que solo estamos interesados en estar del lado de quien hiere y mira cómo brota la sangre, cómo suplica piedad el atacado, más que pensar que eso no es justo, que hay otras maneras, que siempre acaba uno siendo el herido, el masacrado.

La crueldad es enteramente humana. Nos impele a ejercerla el goce, no la naturaleza. Poder hacer daño y hacerlo. El amor, la justicia, la compasión son construcciones externas que hemos tratado de colocar dentro de nosotros, pero su equilibrio siempre es frágil. La crueldad nos inmunizó. Vimos las toneladas de muertos en Gaza. La guerra de Putin en Ucrania. Patrulleras destruidas como en un videojuego, olvidando que todos tenemos derecho a ser escuchados y juzgados, que no caben las ejecuciones sumarias. Una mujer baleada en su coche. Un presidente diciendo que esa muerte es una tragedia porque el padre de esa mujer era seguidor suyo y espera que lo siga siendo.
El nuevo despertar implica vivir peor, pero liberarnos de la crueldad de fuertes y cobardes
La crueldad de la humillación, del insulto, de la amenaza. El goce de todo eso. De la mentira. De cuando dudas si el mentiroso es consciente de que miente. La crueldad nos paraliza y nos impide asumir que nos quiere ahí, quietos, en este preciso sitio donde nos puede hacer daño.
Tiempos crueles otra vez, en los que la gente sobra. Solo les importamos mientras consumimos su basura, mientras votamos correctamente, mientras nos mostramos dóciles. El nuevo despertar implica vivir peor, ser más pobres, tener muchas menos cosas, pero, tal vez, liberarnos de la crueldad de fuertes y cobardes, y quedarnos con nuestra pequeña crueldad, la que utilizamos para lastimarnos a nosotros mismos, con nuestros amores equivocados, apuestas fallidas, lealtad al mal amigo, al chaval del penalti fallado.
