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La modernez siempre tiende a reivindicar, pasados unos años, lo cutre y feo como sublimación de lo popular auténtico. Algo así estaba pasando con Julio Iglesias en los últimos tiempos, gracias al talento y el sentido del humor de Peyró en su biografía. Espero que no se me alegue los millones de discos vendidos y el público por todo el mundo, que todos sabemos lo que pueden llegar a hacer las mayorías, pero la propuesta musical y familiar de Julio Iglesias es lo peor que le ha pasado a este mundo desde la música militar y los hermanos Dalton. Piensen en Enrique Iglesias, Tamara Falcó, María Eugenia, María Emilia y María Laura. Piensen en cómo destruyeron el PSOE con Boyer, el country con un dúo con Willie Nelson, la carrera de Diana Ross, el respeto social a la medicina con Papuchi y cómo jodieron Perú cuando Mario Vargas Llosa ya lo hacía solito.

El tiempo, la estupidez y un buen escritor estaban haciendo que casi nos olvidáramos de todo eso, cuando, casi a la hora de cerrar, el capitán Louis Renault llega al café de Rick para gritar, ofendido, que en este bar se juega. Pues sí, al parecer, se jugaba a médicos y esclavas en la mansión del cantante melódico. Pero, más que juegos, se trataba de torturas a las que Dante, sin dudarlo, hubiera concedido un nuevo círculo en su Infierno. No concibo nada peor que pasar una noche entera lamiendo el Gwendoline a Julio Iglesias.
Las impresiones externas suelen ser confusas, sin embargo, Julio Iglesias conservó siempre su esencia.
El hecho de que dos figuras históricas del madridismo tales como Plácido Domingo y Julio Iglesias se encuentren afectados y abatidos debido a estas tramas acerca de supuestos maltratos, agresiones sexuales, conductas inapropiadas y gestos furtivos, personajes lascivos y periodismo de espectáculos, trajes de baño y residencias en la República Dominicana, tal vez revele bastante sobre la magnitud del caso Negreira. Es posible que todos esos fondos sustraídos a los miembros del Barça no hayan sido desperdiciados.
Es bien sabido que no conviene valorar un libro por su cubierta y que lo exterior suele ser engañoso, no obstante, Julio Iglesias siempre se comportó como Julio Iglesias. No se trata simplemente de que fuesen épocas diferentes. Para ciertos individuos, las circunstancias nunca varían. Aquellos que se apropian de lo que desean. O que sufragan lo que no tiene valor de mercado. O que lo consideran algo seguro. Hasta que llegan a la vejez, la carencia o la irrelevancia, y quienes antes celebraban sus gestos ahora los recriminan, se mofan y les imputan culpas.
