Opinión
Màrius Carol Pañella

Màrius Carol

Consejero editorial

Ricos inmisericordes

FUTUROS IMPERFECTOS

Barcelona tuvo en 1935 un alcalde analfabeto, que estuvo al frente del Consistorio durante nueve meses. Juan Pich i Pon era un obrero de la electricidad tan iletrado como listo, que consiguió hacerse rico al obtener la concesión del alumbrado de la ciudad. Miembro del Partido Republicano Radical, eran conocidas sus meteduras de pata, que los barceloneses calificaban de piquiponadas. Un día se subió al Tibidabo y mirando en dirección a la ciudad exclamó: “¡Cuánta propiedad urbana!”.

 
 

Casi un siglo después vemos a Donald Trump y a su yerno Jared Kushner en Davos hablando de la franja de Gaza, donde malviven entre ruinas y sin alimentos dos millones de personas, como la nueva Dubái, con rascacielos, villas turísticas, restaurantes de lujo y un aeropuerto internacional. No hay tanta diferencia entre Trump y Pich i Pon. O entre el exalcalde sin estudios y Kushner, que se diplomó en las universidades de Harvard y Nueva York. Donde otros ven un problema humanitario, los Trump son capaces de ver un negocio. Propiedad urbana.

Trump quiere que Gaza sea Dubái y Musk, que España sea una central eléctrica

El último americano en descubrir que todo paisaje, por bello que resulte, es una oportunidad para convertirlo en un negocio, aun a costa de desvirtuarlo, es Elon Musk. De nuevo en Davos, que constituye un lugar inspirador de ideas transformadoras para los millonarios con pocos escrúpulos, ha apuntado una idea: convertir la España vaciada en la central eléctrica de Europa, mediante la instalación masiva de placas solares. Siendo cierto que casi la mitad del total de instalaciones fotovoltaicas figuran en estas áreas despobladas del país, multiplicar por cuatro o por cinco estas instalaciones arrasaría el paisaje y desvirtuaría la realidad. España acabaría siendo una mancha negra desde el aire y un desierto de silicio desde la carretera.

No le podemos pedir al campo que sea un paraíso perdido o el decorado para el disfrute de los urbanitas. Pero la solución no es tampoco convertirlo en una reserva eléctrica. El progreso no es arrasar la realidad y la memoria. Escribe Espido Freire que es aconsejable no regresar a los lugares en que fuimos felices, pero al paso que vamos los ricos inmisericordes no nos darán esta oportunidad.

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