Opinión
Màrius Carol Pañella

Màrius Carol

Consejero editorial

La nueva cultura de la impunidad

FUTUROS IMPERFECTOS

Uno de los momentos más emocionantes de la semana lo protago­nizó en Davos Christine Lagarde, presidenta del BCE, que ha sido directora del FMI y ministra del gobierno de Francia. Lagarde se levantó de la mesa abruptamente en la cena privada a la que asistía, cuando Howard Lutnick, secretario de Comercio de EE.UU., empezó a criticar públicamente a Europa por su falta de competitividad y su irrelevancia. Lutnick, además, tuvo que oír los abucheos de varios presentes (todos ellos personajes relevantes), que le incomodaron de forma ostensible. La cena había sido organizada por Larry Fink, director ejecutivo de BlackRock, la mayor gestora de activos financieros del mundo, y acabó en fiasco.

 
 GIAN EHRENZELLER / EFE

El diario Le Monde ha publicado un interesante artículo en el que avisa de que Donald Trump ha impuesto la cultura de la impunidad, como puso de manifiesto un tuit en X al principio de su mandato, que incluía una explícita frase de Napoleón, una apología de la impunidad: “Quien salva a su país no viola ninguna ley”. Parecía olvidar que Napo­león acabó sus días desterrado en la remota isla de Santa Elena, bajo vigilancia, tras su derrota en Waterloo.

Trump se agarra a la idea de Napoleón de que quien salva a su país no viola ninguna ley

Así que la impunidad no siempre dura toda la vida, ni necesariamente se extiende en el tiempo. Trump sigue pensando que su impunidad es absoluta y está protegido por el artículo 2 de la Constitución, diez años después de haber manifestado que podría pararse en medio de la Quinta Avenida de Nueva York y disparar contra alguien sin perder un solo elector.

Si en el primer mandato había quien frenara sus excesos, en este segundo no hay nadie que esté en disposición de hacerlo. Escuchando a su Gobierno, algunos parecen haberse trastornado definitivamente al lado de Trump. Isabel Allende escribió en La isla bajo el mar que “no hay nada tan peligroso como la impunidad, amigo mío, es entonces cuando la gente enloquece y se cometen las peores bestialidades”. La virtud parece haber prescrito. Mandan individuos que no tienen miedo a la justicia y que podrían decir como Tony Soprano: “¿Que estoy detenido? De acuerdo. La última vez tardé tan poco en salir que mi sopa todavía estaba caliente cuando llegué a casa”.

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