Opinión

El verdadero interés de Trump

Y si… el asunto de Groenlandia no es la seguridad nacional de EE.UU. Ni defender la isla de unos vecinos tan poco fiables y que además hablan insólito como China y Rusia. Ni se trata de apoderarse de un subsuelo de oro, cobre, uranio y de eso que los raros llaman tierras raras. Minerales capaces e imprescindibles, dicen, para liderar el mundo. Hay precedentes: en 1867 Estados Unidos ya compró Alaska, no sé echar el cálculo equivalente, pero deduzco que a buen precio. Empezaba la locura colectiva. Y luego vendrían los sueños de posteridad del Paquidermo naranja, único en su especie.

 
 Rob Suisted via REUTERS

El rapero Ludacris grabó un vídeo bebiendo, con deleite, agua de un glaciar de Alaska y se hizo viral. De loco a loco eso dio ideas a Trump: quiere apoderarse de Groenlandia por su hielo. Hielo de iceberg para el gin-tonic. “Cubatas Trump”. Donald, como todo el mundo sabe, es un hombre refinado. Altruismo puro. Todo para sus semejantes. Gentil para con sus amigos y de probada generosidad; no tiene un no para ellos, aunque sean asesinos en serie, pregunten a Netanyahu, y qué mejor obsequio para ellos que sus mojitos con hielo polar. Una delicatessen para sus fiestas doradas y horteras, agua de miles de años congelada, como sus corazones. Y su conciencia. Repasen la lista. Personajes todos ellos de un teatro grotesco. Trágico.

La gente fina, muy fina, gusta de tomar sus cócteles con cubitos de iceberg. El hielo más antiguo del mundo, que a través de un complicado viaje, se sirve en Dubái. Lujo y glamur para paladares exquisitos… Y luego yo lo cuento en el barrio y se ríen de mí, que si exagero, que no hay gente tan gilipollas, que la edad no perdona… Ya lo verán en las redes cuando se anuncien: “Cubatas Trump con pedazos de iceberg recién llegados de la isla que nos hemos recién apropiado. Rechazar imitaciones chinas”. “Beban sorbos de una isla ártica”. Un placer mayor que recibir el Nobel, ¿no, Donald?

Y como, aunque pueda parecerlo, no es una imitación de sí mismo este Tony Blair recién nombrado por la Bestia para el Consejo de Paz para Gaza. ¿Se acuerdan de Tony? Sí, bleeer lo llamaban por aquí. Sí, el de las armas de destrucción masiva, el de la tercera vía, el de la sonrisa petrificada y cínica, el de las conferencias millonarias, el amigo de Aznar, el…, en fin, vivir para ver, que dijo el poeta, y eso que no vivió una tal ceremonia de extravío.

Ahí lo dejo: sea un delirio o no, lo cierto es que nunca volveremos al mundo que conocimos. Algún día nos verán como los restos de un naufragio. O no nos verán. Todo dependerá de los juegos bélicos del Detritus naranja. Y cía.

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