
Elogio de lo humano
Javier Cercas relata en El loco de Dios en el fin del mundo que al momento en que Jorge Bergoglio consiguió en el 2013 el respaldo mayoritario del cónclave para convertirse en el nuevo Papa, asumió el cargo, aunque señaló: “Aunque soy un gran pecador”. ¡El Papa, reconociéndose como pecador al tiempo que tomaba posesión de la silla de Pedro! La obra de Cercas resulta fascinante, un análisis hondo acerca de la condición humana y la espiritualidad. Se trata de algo que, debo admitirles, requiero en estos tiempos sombríos para lograr una reconciliación con la humanidad.

Atravesamos tiempos realmente impactantes. Regresemos una vez más a Estados Unidos. El tejido democrático se está desmoronando por completo, se agrede a los reporteros, se persigue judicialmente a civiles tranquilos, el ICE goza de libertad absoluta para ejercer la violencia letal, y a pesar de ello, cerca del 40% de los estadounidenses todavía respalda a Trump. Un individuo convencido de que sus actos no poseen más restricción que la que él mismo decida, tal como manifestó ante The New York Times, “su propia moralidad”. Un sujeto que, al contrario que el previo Papa, jamás se vería a sí mismo como alguien que yerra ni reconocería sus flaquezas personales.
La protagonista de ‘Pluribus’ tiene la facultad de identificarse con “los otros”
Este escrito pretende ser, en una época donde se glorifica la virilidad, lo masculino y la fuerza bruta, un elogio a la imperfección y a lo verdaderamente humano. Después de todo, no somos más que seres imperfectos. Existe una producción que no deben ignorar para transitar este 2026. Me refiero a Pluribus y al extraordinario personaje interpretado por Rhea Seehorn, Carol Sturka. Carol es la antiheroína ideal: siempre insatisfecha, infeliz, ácida, autoexigente, vehemente. Sin embargo, logra cautivar al espectador. En el fondo, es un reflejo de nosotros, de nuestras flaquezas y de la condición humana. Alguien que, frente a una circunstancia totalmente imprevista, es capaz de empatizar con “los otros”, una persona que para sobrevivir desea amar y ser amada, aunque probablemente se esté engañando a sí misma.
Carol se siente destrozada tras ser dejada por “los otros”, ya que, aun con su carácter mordaz, requiere de su compañía. Se trata de un individuo sociable con la habilidad de sentir compasión por aquellos que solía aborrecer. Acudan pronto a visualizar la producción y, a pesar del entorno distópico, de lo asombroso y en ocasiones inquietante, deléitense con Carol Sturka, una pecadora más que nos ayuda a conservar la fe en la humanidad, en cada uno de nosotros. Quienes nos reconocemos como seres errantes y con fallas, aquellos que sentimos espanto frente a las incursiones del ICE y el homicidio de civiles sin culpa.
