
La soberbia y el suflé
Icaro era el hijo del constructor del laberinto de Creta, Dédalo, y escapó de la isla con su padre gracias a unas alas construidas con plumas y cera. Antes de volar, Dédalo le hizo una advertencia: no subas demasiado, el sol derrite la cera; no bajes demasiado, el mar empapa las alas. Ícaro escucha, asiente… y hace justo lo contrario. Fascinado por la sensación de poder, por el vértigo de creerse por encima de todo, asciende más de lo debido. El sol derrite la cera. Ícaro cae al mar y muere. Muere por arrogancia, por soberbia. Los griegos llamaban a la soberbia hybris , era creerse por encima de todo y de todos, era perder el sentido del límite. Era algo que los dioses no perdonaban. De esa idea nace nuestra palabra soberbia , del latín superbia , “estar por encima”. El soberbio se cree por encima de los demás.

Rememoraba esta leyenda a raíz de las palabras del titular de Transportes, Óscar Puente, quien mencionó un “suflé emocional” con una inmensa carencia de sensibilidad y compasión al aludir a la huelga organizada por los conductores que reclamaban mejores medidas de protección tras el fallecimiento de dos colegas en los siniestros de Adamuz y de Gelida. Habría podido expresar “comprendo el dolor de los maquinistas, es mi dolor, pero les pido que ahora no tomen esa decisión”.
El paro de los maquinistas no se convocó por un arrebato emocional. Se convocó porque llevan años denunciando incidencias de seguridad en esas mismas vías, avisos reiterados que constan en registros internos y que, según el propio colectivo, no obtuvieron respuesta. Mientras el ministro hablaba de un “suflé emocional” para describir la reacción al dolor causado por los accidentes, la Generalitat decidió suspender el servicio de Rodalies temporalmente (sine die) “mientras se trabaja para recuperar la circulación ferroviaria con todas las garantías de seguridad” tras el accidente mortal de Gelida y otros incidentes graves. ¿También la Generalitat actúa por suflé emocional? ¿O más bien ha tenido que suspender el servicio porque los maquinistas tenían razón y sus advertencias acumuladas no se escucharon hasta que se produjeron tragedias?
Dirigir, informar y ostentar el mando requiere mucho más que dedicar las horas a convulsionar las plataformas digitales. Demanda empatizar con el prójimo. Entender la aflicción de otros en vez de menospreciarla. Solucionar conflictos en vez de generarlos. Brindar calma en momentos de gran pesar. Se trata de la modestia que Platón solicitaba a los líderes y que Puente omite: consiste en tener presente que se camina por la misma tierra que el resto. Además, al referirse a la angustia de terceros, no debe actuarse con altivez o prepotencia, ya que el desplome no resulta ideológico o político: resulta ético. Así, al igual que Ícaro, lo asombroso no radica en el descenso, sino en haber pensado que nunca se desplomaría.
