
¿Se hallan las corporaciones en un escenario de duda?
Es preciso señalar que estar en el limbo constituye un antiguo giro idiomático actualmente olvidado, dado que la noción del limbo resulta desconocida. Representa hallarse en un sitio ignorando los sucesos del entorno. De este modo, el interrogante del encabezado plantea si las compañías deciden basándose únicamente en lo que afecta a sus balances financieros, y omiten cualquier hecho de su realidad exterior. Este tópico me cautivó tras leer El orden del día, un libro de Éric Vuillard, premio Goncourt del año 2017. La obra inicia relatando que, el 20 de febrero de 1933 (cuando Hitler no llevaba ni un mes como canciller), Hermann Göring congregó en el Reichstag a veinticuatro destacados industriales germanos, incluyendo a los de Agfa, Allianz, BASF, Bayer, IG Farben, Krupp, Opel, Siemens, Telefunken...

Se presentaron los principales líderes corporativos, abarcando desde Gustav Krupp hasta Wilhelm von Opel. No se limitaron a los vinculados al sector bélico; la concurrencia fue total, incluyendo a los responsables de compañías de seguros y laboratorios farmacéuticos. ¿Cuál era la propuesta gubernamental? Estabilidad, disciplina y control absoluto. ¿Qué solicitaba a cambio? Rápidamente se alcanzó un consenso. Se constituyó una reserva de 3.000.000 marcos con el fin de que el Partido Nazi y otra formación aliada de menor tamaño cubrieran sus próximos desembolsos de campaña. Ambas agrupaciones requerían obtener dos tercios de los votos en los comicios parlamentarios cercanos para ratificar la ley de Autorización, la cual facultaría a Hitler para dictar normas sin la intervención del Reichstag. En otras palabras, para liquidar definitivamente a la República de Weimar y, por ende, al sistema democrático alemán. Posteriormente, diversas corporaciones sacarían provecho, aparte de la tranquilidad social, de la explotación laboral de prisioneros y deportados, empleándolos como trabajadores de bajo coste.
¿De qué manera lograrían las firmas petroleras citadas por Trump admitir su propuesta?
Cerca de cien años más tarde, el reciente 9 de enero, Estados Unidos “extrajo” al mandatario Maduro, depuso al ejecutivo de Venezuela y tomó el mando efectivo de la nación, que administra mediante un régimen subordinado, con el objetivo de aprovechar según sus intereses el crudo venezolano. Tras esto, el presidente Trump convocó de forma apremiante, en la estancia este de la Casa Blanca, a los representantes más destacados de las “petroleras” globales, con el fin de discutir los capitales necesarios para revitalizar el sector de hidrocarburos de Venezuela, que el chavismo ha reducido a niveles críticos. “El plan es que nuestras petroleras gasten al menos 100.000 millones de dólares de su propio dinero, no del dinero del gobierno”, afirmó Trump. “No gastan dinero del gobierno –añadió–, pero necesitan protección y seguridad del gobierno para recuperarlo y obtener una buena rentabilidad”. Las compañías se exhibieron reticentes al momento de obligarse a destinar esa vasta suma de fondos, si bien sus directivos expresaron términos amables. En el encuentro, estuvieron presentes los principales líderes de las mayores firmas de crudo de Estados Unidos, junto a los de la británica Shell, la española Repsol y la italiana Eni. Cabe mencionar que las comunicaciones entre la Administración Trump y las corporaciones energéticas se estaban gestando incluso antes del ataque estadounidense.
A continuación se plantea una interrogante, precedida por una ilustración. El caso: supongamos que ciertos ocupantes ilegales han tomado una propiedad ajena y, al disponer de fondos, desean remodelarla empleando para ello a una empresa de construcción. La cuestión: ¿lograrían hallarla o todas rechazarían negociar con alguien que carece de la titularidad? El desenlace resulta evidente: no tendrían éxito. Por consiguiente, considerando que Estados Unidos ha ejecutado una intervención en Venezuela con el fin de invadirla, deponer a Maduro, supervisar la administración subordinada de Delcy Rodríguez y dominar —pues ese es el objetivo— el crudo venezolano: ¿de qué manera las compañías de hidrocarburos citadas por Trump pueden consentir su propuesta sin convertirse en colaboradoras de dicha usurpación al beneficiarse de forma ilícita de la misma?
O tal vez, y en ese punto alcanzamos la esencia del tema, los principios morales de las compañías se limitan a obtener la mayor rentabilidad para el inversor y la utilidad más alta para los demás colectivos implicados. De ser este el caso, se afirmará con total fundamento que se encuentran en una zona de indefinición. ¡Vaya fortuna la que poseen!
