
No voy a actuar para ti
La muchacha de la barra me observa con un rostro vacío. No me sorprende demasiado, pues es algo que hace a veces. Si le pido, por ejemplo, que retire el hielo de mi agua con gas, lo hace callada, sosteniendo la vista de forma gélida, casi inerte. En otras jornadas conversa y se comporta de manera habitual, por lo que no le doy mayor importancia. Prefiero no pensar en su salario ni en el tiempo que permanece erguida tras el mostrador. Debido a esto, siempre atribuí esos ojos inexpresivos a instantes pasajeros de cansancio. No obstante, hoy dudo si no será una maniobra de rebeldía premeditada. Pues ayer descubrí la tendencia denominada The Gen Z Stare –Mirada Fija de la Generación Z–. Se trata de un suceso enigmático que parece llevar tiempo propagándose. Una suerte de paro en la gestualidad de los jóvenes que, bajo su fachada de pasividad, constituye una manifestación de queja.

Sucede que en las plataformas digitales, pero también en el contacto directo de los despachos, los locales o la vía pública, una legión callada de muchachos enfrenta su angustia mediante observaciones constantes. Carentes de emoción. El gesto de las cejas elevadas, los labios apenas separados, la falta de parpadeo y pupilas impasibles frente a lo irracional. Y tal vez, asimismo, contra esta sociedad del espectáculo que ha reemplazado la existencia auténtica por su simple imagen. “Yo no voy a actuar para ti”, nos comunican visualmente estos jóvenes Z agotados por el exceso de estímulos, miembros de la oposición de la camada inicial de nativos digitales. “No voy a sonreír ni fingir entusiasmo ni mucho menos sumisión. Tampoco voy a abrirte mi corazón”.
Ayer mismo me informé acerca de la iniciativa The Gen Z Stare o la Mirada Fija de la Generación Z.
Termino mi agua carbonatada sin cubitos mientras considero interrogar a la empleada sobre si actúa por cuenta propia o si pertenece al colectivo Mirada Fija. Evalúo la posibilidad de unirme a su lucha y mencionar ciertos conceptos antiguos propuestos por Guy Debord, allá por 1967, referentes a los riesgos de la sociedad del espectáculo. Verbigracia, que la existencia entendida como representación anestesia el juicio. Y de ese modo funciona el planeta. O que la hegemonía de las finanzas sobre lo cotidiano redujo la esencia al poseer. Y posteriormente la posesión a la apariencia.
Se me ocurre interrogar a la muchacha sobre cuál considera que será el próximo nivel que descenderemos en esta pequeña escala intelectual. Es decir, si es verdad que del ser transitamos al tener y luego al parecer, ¿qué es lo que sigue? Le formularía la duda si no supiera que me expongo a recibir una mirada fulminante.
