Opinión

Justificaciones legítimas para prescindir de los espectáculos de teatro, la revisión de escritos literarios o las obras de música.

Vernon Lee (1856-1935) destacó como una autora de Gran Bretaña célebre por sus cuentos de espectros y estilo gótico. Javier Marías solía elogiar constantemente a esta compañera de Henry James, el cual afirmó sobre ella que “el vigor y envergadura de su intelecto son de lo más infrecuente, y su conversación, absolutamente superior”. La editorial Elba lo confirma al editarle en la actualidad El jardín de la vida, una obra en apariencia pequeña que nos cuestiona cual si se hubiese redactado en el presente.

Vernon Lee 
Vernon Lee Archivo

Exploradora (aunque le resultó imposible marcharse de su hogar sin la escolta de una sirvienta hasta los 23 años), la escritora residió por mucho tiempo en Florencia y aseguraba que “a todos nos mejora la transfusión de un elemento extranjero, que corrige nuestras deficiencias y faltas y madura nuestras cualidades intrínsecas”.

Al principio, podría resultarnos llamativo que una persona tan instruida cuestione a quienes asisten a funciones teatrales, consumen literatura y disfrutan de la música... Sin embargo, conviene explorar sus razonamientos.

Aparte de quejarse de las aglomeraciones de las salas teatrales, opina que las representaciones siempre quedan por debajo de lo que ella se había imaginado al leer las obras (Shakespeare, Molière, Cervantes...) Aunque entiende que “los niños y las naturalezas prácticas” necesitan la ayuda externa de una representación concreta “para obtener placer imaginativo y emocional”.

Vernon Lee reprocha a quienes se obsesionan con los estrenos editoriales que terminen por extraviar su facultad de disfrute.

Piensa que leer está algo sobreestimado, dado que es patente que se hallan grandes muestras de lucidez en gente que no ha tenido contacto con las letras. Censura a los dependientes de lo novedoso, a esos que devoran con ansia cualquier estreno, por terminar extraviando la facultad de disfrutar y volver habitual lo que tendría que ser asombroso. Afirma que, tras haber recorrido multitud de volúmenes, existen argumentos de sobra para desatender las tendencias y volcarse en la relectura. Y remata, de forma atinada: “Leer libros sobre todo es útil para desear leer más libros”, no para alcanzar la excelencia moral ni por todas esas bobadas que nos relatan.

Utiliza razonamientos parecidos respecto a la audición musical. Lamenta que siempre se pretenda ocupar cada instante y lugar, por lo que defiende la quietud para valorar adecuadamente esas obras que, en esencia, surgen de la labor dedicada de un creador sentado con la mayor calma posible ante una mesa. Opina que resulta inútil asistir a recitales, certámenes y funciones líricas “a no ser que estemos del humor adecuado”, permaneciendo receptivos, igual que con la lectura, para que dicha experiencia sea captada por nuestra percepción.

Xavier Ayén Pasamonte

Xavier Ayén Pasamonte

Ver más artículos

Jefe de edición del área de Cultura. Autor de publicaciones como 'Aquellos años del