Opinión

Pásame ese Nobel, amiga

Para los anales del premio Nobel queda la cesión que ha hecho, esta semana, la venezolana María Corina Machado de su galardón de la Paz al presidente de EE.UU., Donald Trump. La medalla y el diploma que la distinguen como laureada, en su marco dorado, han pasado a manos del nuevo libertador de Venezuela, el hombre que acabó con ocho guerras (¿pero cuáles?), para indignación del comité que otorga el premio, que ha declarado que Machado puede hacer lo que quiera con esos objetos, pero que la ganadora sigue siendo ella. Menos mal.

 
 CASA BLANCA

El melón que abre Machado es una desautorización al jurado sin precedentes, pues viene a decir que Trump se lo merecía más que ella. Ignoramos si el gesto va a ser secundado por otros ganadores, en este o sucesivos años, y fantaseamos con qué habría sucedido en el pasado si, por ejemplo, el guatemalteco Miguel Ángel Asturias, Nobel de Literatura en 1967, hubiera tomado un avión a Buenos Aires para entregar el suyo a ­Jorge Luis Borges (el jurado consideró concedérselo ex aequo a los dos, según hemos visto en las actas desclasificadas este mes).

El melón que abre Machado es una desautorización al jurado sin precedentes

Hasta ahora, creíamos que el mayor desprecio al jurado lo había realizado Bob Dylan, premio Nobel en el 2016, quien envió en el último momento un discurso que era en parte un corta y pega de otro que hizo unos años atrás, que no se dignó en ir a recogerlo (envió a su amiga Patti Smith) y le tuvieron que entregar la medalla y el diploma mucho después en un pabellón deportivo en Estocolmo, poco antes de un concierto de su gira.

Pero ¿qué sucedería si ahora el bueno de Bob, estimulado por el acto de María Corina, decidiera que, por ejemplo, su compatriota Don DeLillo es mucho más merecedor que él y acudiera a su apartamento de Manhattan tocando la armónica para hacerle entrega del galardón que él recibió a regañadientes? 

¿Y si resultara que la coreana Han Kang (la del 2024) es una fan de Haruki Murakami y, por aquello de hacerse una foto junto a él, montara un acto de desagravio en un club de jazz de Tokio para entregarle su medalla y su diploma como representante máximo de la literatura asiática? ¿Qué harían entonces los fabricantes de memes que dis­frutan cada octubre burlándose de que el japonés siga de vacío? 

Es también una oportunidad para que el sudafricano J.M. Coetzee (2003), activo propagandista en favor de la candidatura de su amigo australiano Gerald Murnane, repare ese olvido de la Academia Sueca.

Ay, María Corina, esperemos que no te secunden.

Xavier Ayén Pasamonte

Xavier Ayén Pasamonte

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Redactor jefe de Cultura. Autor de libros como 'Aquellos años del boom' o 'Planeta Nobel'. Autor de varios documentales de temas literarios

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