El agujero negro de la IA
En el último informe de la Agència de Ciberseguretat de Catalunya sobresalen dos datos. El primero que más del 80% de las ciberestafas que llegan mediante el correo electrónico, ya usan la inteligencia artificial (IA) generativa, que imita imágenes, texto y hasta la voz para engañar y estafar a los receptores. Y el segundo, que el robo de credenciales –nombres de usuario y contraseñas– en el 2025 aumentó un, alarmante, 160% respecto al año anterior.
Ante esta situación, la respuesta de usuarios y empresas tiene que ser la que se ha repetido mil veces: prudencia y sistemas de protección robustos.
La IA no solo la usan los delincuentes. Cada vez más empresas tienen sistemas automatizados que recaen en esta tecnología. Fiarlo todo a la IA confiando en su omnipotencia puede ser un error. De hecho, la expectativa es que, en 2026, los hackers dirijan sus ataques hacia estos sistemas controlados por algoritmos, por lo que la recomendación de la agencia catalana es que se defina muy bien qué se permite y qué no, que controle la IA.