Opinión

Androcéntrico y clasista

Esta nota no trata acerca de Julio Iglesias y las denuncias por violación de dos mujeres hacia su persona. El texto se enfoca en los comentarios de Ramon Arcusa sobre dicha situación.

He aquí diversos fragmentos entre comillas –presuntamente, por tanto, textuales– que he logrado localizar en la prensa. “Si estás enfadada porque te han violado, pues te marchas al día siguiente”. “Creo que hubo una relación consentida porque no se puede tener una violación durante semanas o meses. Si te pasa, al día siguiente vas a la policía o al hospital a que te vean”. “No creo que esté atada en una mazmorra con cadenas, para sacarla y violarla”. “Si una chica se siente violada, no puede esperar cinco años a decirlo”.

 
 RONALDO SCHEMIDT / AFP

Resulta claro que Arcusa sostiene la creencia de que el entorno es idéntico para cada individuo, que cada sujeto posee soberanía propia, goza de idéntica aptitud legal, una independencia equivalente y carece de disparidades materiales. Debido a esto, estima que las mujeres tendrían que haber actuado de la misma forma en que él lo habría realizado.

Lo que Arcusa parece pasar por alto es que la sociedad carece de esa igualdad ideal, ya que, durante centurias, ha sido dominada por una perspectiva androcéntrica y clasista, de modo que resulta sumamente complicado para una mujer, especialmente en situaciones de pobreza, escapar de un agresor y violador.

La perspectiva androcéntrica se fundamenta en emplear al varón y sus vivencias como el estándar, lo cual conlleva que la figura femenina sea desplazada a un plano accesorio. En otras palabras, lo varonil representa lo humano predeterminado, lo imparcial y lo global; mientras que lo relativo a la mujer se percibe como lo específico, aquello que se aparta de la regla. Por consiguiente, no resultará llamativo para el lector que en las facultades de Medicina, hasta tiempos recientes, se analizara la anatomía masculina omitiendo la femenina, situación que genera un notable daño a estas últimas debido a que las manifestaciones clínicas y las cantidades de fármacos varían según el sexo. Igualmente, no causará asombro que el Código Penal español a partir de 1944, bajo el mandato de Franco, contemplara un precepto por el cual, si el autor de una agresión sexual contraía matrimonio con la afectada, la infracción se anulaba dado que el “honor” de la mujer se consideraba resarcido. Quizás lo que genere desconcierto es descubrir que dicha norma no fue suprimida hasta 1983. Del mismo modo, es lógico que las jornadas de trabajo se establecieran por décadas ignorando los requerimientos de las labores de asistencia: niños, ancianos o quehaceres del hogar. O que en los entornos urbanos se haya ignorado, anteriormente, la importancia de fomentar el transporte público o la urgencia de dotar a las vías de una iluminación adecuada.

Ramon Arcusa resulta incapaz de empatizar con las mujeres que han señalado a Julio Iglesias.

La perspectiva clasista se fundamenta en una estratificación de los individuos de acuerdo con su nivel social, concediendo una superior importancia y credibilidad a quienes poseen los estatus de mayor ventaja y, por el contrario, despreciando a quienes se ubican en el fondo de esa jerarquía. Por consiguiente, a nadie le sorprende que el conglomerado de criptomonedas establecido por Donald Trump y su familia les haya generado más de mil millones de dólares en ganancias durante el año pasado, mientras que numerosos habitantes presencian con indiferencia el ataque migratorio del Gobierno de Trump en Minneapolis y las feroces operaciones, que incluyen muertes, efectuadas por el ICE.

A Arcusa le sucede exactamente igual. Debido a su visión androcéntrica y clasista, no consigue empatizar con las jóvenes ni comprender que resulta imposible abandonar, con dignidad y celeridad, un hogar donde presuntamente se sufren agresiones, ya que seguramente tu manutención y la de tus parientes están supeditadas a dicho agresor. Asimismo, parece ignorar el síndrome de Estocolmo, esa reacción adaptativa de un vínculo específico que se manifiesta en contextos de desequilibrio de poder absoluto. Finalmente, desconoce la complejidad que conlleva para cualquier víctima el hecho de atreverse a denunciar al instante.

Sugeriría a Arcusa que reconsidere sus planteamientos. Igualmente su terminología: una mujer no experimenta la sensación de ser violada; simplemente es víctima de una violación. No se siente enfado tras una agresión sexual; previo a la ira, surge el horror y el pánico. Y, efectivamente, es posible sufrir violaciones de forma reiterada sin que esto suponga haber dado permiso. Finalmente, le aconsejaría acudir al Teatro Real de Madrid para presenciar Ariadna y Barbazul, una obra que trata sobre el temor asimilado y lo complejo que resulta liberarse de la dominación.

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