
Una nueva victoria de sabor agridulce para el PP en Aragón.
Aragón vivió ayer una jornada de elecciones autonómicas anticipadas que concedieron un triunfo agridulce al representante del PP, Jorge Azcón, actual presidente en funciones, al bajar de 28 a 26 asientos; representaron una caída incontestable del PSOE liderado por Pilar Alegría, que desciende de 23 a 18; y un notable ascenso de Vox, que duplica su cifra de diputados pasando de 7 a 14. Es necesario señalar el crecimiento de la Chunta Aragonesista, que igualmente dobla sus escaños de 3 a 6; la pérdida de un acta de Aragón-Teruel Existe (de 2 a 1), el mantenimiento de IUA-Sumar y la salida de la institución de Podemos y el PAR, organizaciones que perdieron su único representante.
Azcón anticipó en su momento estas elecciones alegando que Vox dificultaba sacar adelante las cuentas públicas. Tras conocerse el escrutinio, el triunfo de los populares dejará, tal como mencionamos, un sabor agridulce. Y no únicamente debido a su caída. Los 26 parlamentarios del PP únicamente le facilitarían llegar a la mayoría absoluta en las Cortes de Aragón –establecida en los 34 escaños– si dispone del respaldo de los 14 de Vox. Resulta imposible pactar con cualquier otro grupo, a excepción del PSOE, que no contempla dicha opción.
Vox duplica su cantidad de escaños y el PSOE empata su registro histórico más bajo en la comunidad.
Un análisis inicial de los resultados en Aragón sugiere que Vox continúa sacando provecho de la serie de convocatorias anticipadas en Extremadura, Aragón y Castilla y León (en marzo), que concluyó con las elecciones andaluzas (en junio). Mientras que en la votación extremeña de diciembre el PP mantuvo su posición al sumar un solo representante (pasando de 28 a 29), en la jornada aragonesa de ayer cedió dos asientos, manteniéndose bajo la presión de un Vox fortalecido. En Extremadura, la aspirante del partido, María Guardiola, todavía no ha logrado constituir un ejecutivo junto a Vox, formación que amenaza con volver a las urnas si sus demandas no son satisfechas. De este modo, se confirma el pronóstico de que Aragón imitaría el camino de Extremadura, con el bloque conservador condicionado por la extrema derecha, dispuesta a forzar sus principios sobre el ganador o, en caso contrario, permanecer en la oposición para eludir el deterioro político que implica gobernar.
Profundizando en el vínculo entre el PP y Vox, destacaremos la disparidad con la que ambas formaciones han diseñado sus estrategias electorales. Al tiempo que Vox fundamentaba su acción en la visibilidad constante de su dirigente y en la crítica directa al PP, este último ha lanzado señales a los votantes jóvenes próximos a la ultraderecha. La aparición durante la recta final de la campaña del activista radical Vito Quiles, recibido con afecto por Núñez Feijóo y por Azcón, aunque ciertamente discordante para quienes abogan por un PP moderado, evidencia la desigual seguridad en sus capacidades con la que ambas agrupaciones han encarado el proceso.
Otro aspecto a destacar es que el PSOE se ve afectado por la penalización planeada por el PP mediante esta serie de anticipos tramada para debilitarlo; y que la táctica de Pedro Sánchez de postular a integrantes de su Gabinete no asegura éxitos electorales. En esta ocasión, concluye con el fracaso de Pilar Alegría, quien ha repetido la cifra más baja en Aragón (18 diputados en el 2015) del PSOE, la formación con mayor tiempo de mandato en dicha región (26) desde que se restauró la democracia.
El plan de erosión frente a los socialistas perjudica a ambas formaciones mayoritarias y favorece a los ultras.
Un tercer apunte, referente a los sectores de la izquierda y el regionalismo, es que la división electoral conlleva consecuencias negativas. Dentro del bloque progresista, resalta la situación de Podemos, que pierde su representación parlamentaria, lugar donde obtuvo 14 escaños durante el 2015. Respecto al entorno regionalista, únicamente la Chunta Aragonesista ha logrado resistir, al tiempo que Teruel-Aragón Existe perdía apoyos y el PAR, con trayectoria desde 1987 en las Cortes de Aragón, donde alcanzó los 19 escaños, lideró el ejecutivo y actuó como formación clave, se ha quedado sin representación.
Un cuarto punto a considerar es que la política nacional prevalece sobre la local en los comicios autonómicos, lo que termina por desnaturalizarlos. Las materias de competencia regional quedan postergadas, mientras que la agenda estatal –crisis ferroviaria, crisis climática o acuerdos entre el Gobierno central y los soberanistas catalanes, etcétera– asume el papel protagonista.
La maquinaria electoral regional activada por el PP está resultando devastadora para el PSOE. Esto sucede por dos razones: debido a que los aspirantes socialistas son incapaces de frenarla y porque el anhelo de Pedro Sánchez de que estos datos no se trasladen a las generales, bajo la premisa de que una posible gestión regional de PP-Vox desgastaría a las dos formaciones, permanece incierto: la incorporación de la extrema derecha a los ejecutivos o no llega a concretarse o es efímera.
Dicha ruta proseguirá su curso tras cruzar Aragón, en marzo alcanzará Castilla y León y en junio Andalucía. Queda por ver qué consecuencias o réditos tendrá para las formaciones políticas de mayor peso.