Opinión
Màrius Carol Pañella

Màrius Carol

Consejero editorial

Ser mala gente está de moda

FUTUROS IMPERFECTOS

En Buenos Aires alguien escribió en una valla hace unos meses: “Tiene que dejar de estar de moda ser un hijo de puta”. No parece que fuera una frase irónica, sino más bien la conclusión del autor de que en nuestros días los miserables se permiten exhibirse como tales, exaltar la maldad y ponerse como ejemplos que seguir. Me acordé de la pintada cuando leí las declaraciones de Gabriel Rufián en El País, donde decía que “está de moda ser un chungo, ser mala gente”.

Gabriel Rufián 
Gabriel Rufián Dani Duch

El portavoz de ERC cree que nunca antes había habido tanto acceso a información veraz, ni tanta mala gente dedicada a intentar manipularla. Ciertamente. Descalificar, indignar y humillar al que piensa distinto les hace sentir poderosos a determinados políticos, pero no solo a ellos. Las nuevas generaciones se están impregnando de esta falta de escrúpulos­ y, lo que es peor, de la deshumanización de quien piensa diferente o simplemente es distinto. En las redes sociales se advierte a menudo como el empoderamiento de algunos no está cimentado en los valores de la Ilustración sobre los que se levantó la democracia.

Rufián alerta sobre el aumento de personas que solo

El mundo actual de liderazgos nacionalpopulistas contribuye a la legitimación de la mala gente. Se parece cada vez más a la distopía que imaginó George Orwell en 1984, donde la información estaba manipulada, la vigilancia resultaba masiva y la represión política y social era constante. Orwell plantea un planeta dominado por totalitarismos (comunismo y fascismo), pero lo cierto es que nuestra realidad política resulta más sofisticada: se intenta pervertir la democracia y reescribir la historia mediante las tecnologías.

El antropólogo Carlos Granés (El rugido de nuestro tiempo) ha escrito que, en este mundo posmoderno, el lenguaje se ha convertido en un instrumento para crear e imponer ficciones políticas que, lejos de sensibilizarnos ante el sufrimiento ajeno, exasperan, irritan y generan odio. Todo en beneficio de quien está o aspira a estar en el poder. ¿Qué nos queda? Rebelarnos a favor de la verdad, la razón y los valores universales. Y “pensar en el otro”, como dice Rufián. A la mala gente no hay que reírle las gracias. Son una moda pasajera. Peligrosa, pero, como toda moda, esperemos que sea efímera.