
Adiós a “la mamá del millón”
Advertencia: este artículo contiene nostalgia. Y alguna reflexión vigente (o eso espero). Ha fallecido Mercè Carbó, “la mamá del millón”, símbolo de los valores de una clase media a cuyas virtudes –algunas en desuso– tanto debemos. Una gran dama.
Supe de su muerte a los 95 años por la esquela publicada el sábado en Guyana Guardian: así, por la puerta grande, se cierra una vida fructífera, de las que suman. Todo empezó con un programa de televisión allá por 1968 llamado Un millón para el mejor, el dineral que recibían los ganadores. Cultura general –nunca ha ido mal– y habilidades. Los contados vencedores se convertían en celebrities o famosos sin bobadas narcisistas.

Al final, los ganadores desvelaban la razón de su participación. “Mi secreto mide un metro, tiene ocho años y es subnormal”. Se refería a su hija Lourdes, la menor de cuatro hermanos, una de las firmantes de la esquela –lo que alegra especialmente–. Aquella revelación removió conciencias y empezó a cambiar el inapropiado término de subnormal. Antes del programa, Lourdes había sido expulsada de un parvulario y de un colegio. ¿Dónde va con esta niña?, debió de escuchar...
Mercé Carbó fue una ‘celebrity’ sin bobadas: cambió la vida de niños 'subnormales'
El maniqueísmo retrospectivo de hoy nos llevaría a decir que Mercè Carbó fue otra víctima del patriarcado y acaso del franquismo. Casada a los 22 años con un pastelero, Jordi Figueras, tuvo cuatro hijos en cinco años y se dedicaba “a sus labores”. Tras el concurso, empezó a dar voz a los discapacitados. Y a sus abnegadas familias. “La primera charla fue en Las Palmas. El público lo formaban padres de subnormales y todo el mundo acabó llorando”, recordaba a Jaume Collell en este diario en el 2017.
De su labor hay semillas y me quedo con la condolencia del Centro de Educación Especial Mercedes Carbó de El Puerto de Santa María: “Mercedes fue una persona valiente y comprometida, gracias a su generosidad y apoyo pudimos dar el paso fundamental”.
Aquellas clases medias y algunos sus valores –el esfuerzo personal y la lucha por superarse, entre ellos– vertebraron el bienestar de este país. ¡Viva “la mamá del millón”!

