
El feminismo no está de moda
"Los jóvenes de entre 15 y 29 años ya son menos feministas que sus padres”, ha escrito estos días mi compañera Celeste López, a raíz del Barómetro Juventud y Género 2025, realizado por FAD Juventud. La mitad de los jóvenes identifican el feminismo con una instrumentación política en la que no quieren participar. Pero, para evadirse de trifulcas políticas, que sí, vale, cansan mucho, tienen que gustarte, ¿está justificado despreocuparse, no levantar la voz para denunciar desigualdades, machismos, abusos? ¿Dejar que estos sigan, incluso permitir pasos atrás en políticas que buscaban atajarlos?

Llega el 8-M y se actualizarán ampliamente los datos de la desigualdad en toda la sociedad. No hace falta ser feminista radical para aceptar que queda mucho por mejorar. Solo con tener un poco de sentido crítico uno se topa con la desigualdad. Y según el citado barómetro, casi la mitad de los jóvenes reconocen la existencia de esas desigualdades de género, aunque lo hace el 61,4% de las chicas y solo el 36,7% de los chicos. Pero no son proclives a coger la bandera feminista, el término les causa picores. El sentir feminista juvenil baja; es menor que unos años atrás.
¿En qué se ha pasado el feminismo? Como si el consentimiento en las relaciones sexuales fuera pedir la luna
Están calando estos últimos años un desprecio del feminismo y la idea de que la izquierda se ha pasado de vueltas en los países occidentales con este movimiento, un argumento muy utilizado en España, desde la ultraderecha hasta en sectores progresistas, a menudo, con la excusa de dar estopa a las exministras de Podemos. ¿Y en qué se ha pasado el feminismo? Como si el consentimiento en las relaciones sexuales fuera pedir la luna, que se ha visto que lo es para algunos que creían que pueden campar a sus anchas, pero es que es lo mínimo exigible.
Los partidos de izquierda tienen mucho trabajo ideológico por delante, aparte de superar su desunión. Pero es que el feminismo va más allá del debate político, atañe a múltiples aspectos de nuestra vida diaria. No hay que dejarlo solo a la política; todos debemos ser activistas.
Hay que convencer a los jóvenes de que no se debe tolerar la desigualdad y que se puede y debe seguir avanzando para reducirla. No creo que sea un problema de formación, que se les deba bombardear con datos que no sé si leerán o si los creerán. ¿Habrá que esperar a que vayan sufriendo la desigualdad en sus vidas y reaccionen? Y mientras, ¿dejamos que el movimiento feminista languidezca, que haya retrocesos? Las perspectivas de que se pudiera reactivar en el futuro son bastante malas si los jóvenes de hoy –y que dirigirán la sociedad mañana– no aumentan la conciencia social feminista.

