
Transformar el destino a través de Purim
Tribuna
La noche del 2 de marzo y el día 3 de marzo de 2026 se celebrará Purim, una de las fiestas más singulares del calendario judío. Es un tiempo de memoria, de celebración y de extraña alegría: una conmemoración que nos convoca, año tras año, a mirar no solo una historia antigua, sino también nuestra propia vida con ojos renovados.
Esta celebración no trata únicamente sobre el azar ni representa solo un carnaval hebreo, sino que implica mucho más.
Purim se origina en el vocablo hebreo pur, que representa “suerte”. Dentro de su crónica de origen —el Libro de Ester— la comunidad judía hace frente al peligro con el único recurso existente: la suerte. Aquel sorteo que pretendía marcar su final proclama, de forma irónica, su salvación. De este modo, la narración nos plantea una duda que atraviesa los siglos: ¿qué fracción de nuestra vida se construye por decisión propia y qué parte nos viene impuesta por una fatalidad fortuita?
Purim nos señala que la casualidad no constituye un adversario, sino una ocasión para revelar nuestra fortaleza interna.
Vivimos, en esencia, un gran sorteo: no elegimos la familia ni la tierra donde nacemos, no siempre decidimos los tiempos ni los paisajes de nuestra historia. A menudo, nos sentimos llevados por azares que parecen ajenos a nuestra voluntad. Y, sin embargo, Purim nos enseña algo que va más allá de la mera casualidad: nos recuerda que el azar no es un enemigo, sino una oportunidad para descubrir nuestra capacidad de resistencia, de adaptación y de transformación.
El pueblo judío ha sabido, a lo largo de generaciones, convertir la incertidumbre en sabiduría, la inestabilidad en resiliencia, el giro inesperado en posibilidad. No porque controle el destino, sino porque ha aprendido a darle la vuelta a lo inesperado: donde otros ven caos, ellos ven sentido; donde otros ven opresión, ellos encuentran esperanza. Purim es la celebración de esa mirada que sabe invertir el signo de las cosas.
No obstante, aparte del relato grupal, Purim funciona igualmente como un reflejo para cada persona. Durante la celebración empleamos atuendos, un hábito que aparenta ser alegre y trivial, aunque su sentido resulta hondamente reflexivo. La caracterización nos incita a liberar el yo, a alejarnos de los velos que nos dictan el temor, las presunciones y la crítica de los demás. Nos señala que la esencia auténtica no consiste en lo que exhibimos para adaptarnos, sino en lo que representamos al osar observar nuestro interior, reconociendo nuestras oscuridades para transformarlas.
En un mundo revuelto, lleno de incertidumbres, conflictos y tensiones que parecen crecer día tras día, el mensaje de Purim se vuelve urgente. Vivimos en una época en la que las circunstancias nos desafían constantemente, donde lo imprevisible se vuelve norma y la estabilidad parece un espejismo. Frente a esta realidad, Purim no solo conmemora una historia pasada: nos llama a mirar de frente, a reconocer que la fuerza de transformar cada situación está -aunque a veces olvidada- plenamente en nuestras manos.
Aprender a darle la vuelta no significa negar la dificultad, ni disimular el dolor. Significa cultivar una mirada que no se rinde ante lo adverso, que encuentra en el revés la posibilidad de creación y en la oscuridad una chispa de luz. Purim nos invita a no temer al azar de la vida, sino a celebrar la libertad de nuestra respuesta.
Si este año, en la noche del 2 y el día 3 de marzo, nos detuviéramos a contemplar no solo una tradición, sino nuestra propia historia, podríamos descubrir que cada giro inesperado -cada “suerte” aparente- es una puerta hacia una versión más plena de nosotros mismos.
Este día se celebrará leyendo los pergaminos que relatan la historia, con comidas festivas, enviando regalos a los amigos que incluyan alimentos, y dando soporte a los pobres.
El pueblo judío seguirá celebrando su tradición.