
Haré lo que tú quieras
Desde hace unas semanas, a un amigo no paran de salirle pretendientas de IA en Instagram. Son chicas monísimas que le dicen que harán lo que él les pida. Por ejemplo, se tocarán el pelo, se desabrocharán la camisa, le darán conversación. Si lo desea, serán morenas, pelirrojas, cambiarán de nariz, de edad o de cuerpo, vestirán como él quiera; también pueden adoptar la apariencia de una preadolescente, o de una actriz famosa, o de una ex, o de su vecina, si él les envía una foto.

Mi amigo no mira porno en internet. Nunca ha entrado en esos perfiles de eventuales novias virtuales. En principio no formaría parte del target del algoritmo; la única razón que se le ocurre por la que irrumpen en su scroll es que es un hombre. Supone que pasó demasiados segundos mirando lo que le decía una de esas chicas de IA, y ahora han invadido su Instagram. El mío se llena de perros en adopción y pisos en venta a precios desorbitados; el suyo, de esclavas diseñadas por inteligencia artificial. Son de un de realismo escalofriante. Pero lo que da miedo de verdad es lo que cualquiera puede hacer con fotos tuyas y tu voz. Da miedo y asco. Y encima, sin que llegues a saberlo.
El algoritmo está entrenado para poner a la mujer al servicio de los hombres
Es terrorífica la conversión de la mujer (de todas las mujeres) no ya en objeto, sino en un producto a la carta para satisfacer los deseos íntimos de gente que ignoras. Si quieres evitar que te utilicen y diseñen versiones tuyas robotizadas –que harán y dirán cosas que tú no harías ni dirías–, no publiques nada, ocúltate, calla. Todo puede ser usado en tu contra sin que te enteres solo por el hecho de ser mujer; el algoritmo está entrenado para ponerte al servicio de hombres.
Cada archivo del caso Epstein, cada caso como el de Pelicot, cada mujer asesinada por un hombre (y ya son catorce en lo que llevamos de año, además de una niña y un niño) constata una diferencia abismal en la recepción de la noticia: a ellos no los altera y a nosotras nos devasta porque es insoportable. Ellos piensan: “Yo nunca lo haría” y se quedan tranquilos. No les afecta, no les atañe. “No somos todos así”. El domingo que viene es 8 de Marzo y esta semana todo el mundo se acordará de nosotras, pero nadie se pondrá en nuestro lugar. Es tan sencillo como cambiar el planteamiento y, para entender lo que sentimos, pensar: “Podrían hacérmelo a mí”.
