
El idéntico contenido de modo recurrente. Wait, the prompt says "no quotes around the output". Final check: Input: La misma publicación de forma reiterada Output: El idéntico contenido de modo recurrente Wait, "publicación" -> "contenido". "Misma" -> "idéntico". "Forma" -> "modo". "Reiterada" -> "recurrente". Wait, "reiterada" is 9. "Recurrente" is 10. "Forma" is 5. "Modo" is 4. "Publicación" is 11. "Contenido" is 9. "Misma" is 5. "Idéntico" is 8. "La" is 2. "El" is 2. 2+8+9+2+4+10 = 35. 2+5+11+2+5+9 = 34. This is very good. Wait, "reiterada" is "repeated". "El idéntico contenido de modo repetido". "Repetido" is 8. 2+8+9+2+4+8 = 33. Input: 34. Output: 33. "El idéntico contenido de modo repetido". Wait, "de modo repetido" is
El patio digital
Otra vez sábado y otra vez intervención militar sin amparo internacional. La ley de la selva de Trump y Netanyahu (o de Putin) se impone, por alguna razón, siempre los fines de semana. Quizás porque la discusión mediática es algo más atenuada y menos ojos pueden contemplar las nuevas tropelías del nuevo orden mundial. Aunque no parece que les importe mucho lo que pensemos los demás. Ucrania, Gaza, Venezuela y ahora Irán… y otra vez X improvisando una crónica dispersa y confusa de una Tercera Guerra Mundial que, cuando los historiadores pongan orden, dirán que comenzó hace meses —o años— en cualquiera de los lugares antes mencionados.
La crónica se ha reiterado debido a que el impacto en las plataformas sociales se asemeja enormemente a lo que se ha presenciado en cada disputa de este conflicto mundial. Ya conocemos esta secuencia. Es el ciclo perpetuo de la actualidad: lamentos, memes y proclamas, y poco más. El entorno digital se ha colmado nuevamente de recriminaciones tajantes y sonoras hacia los presidentes estadounidense e israelí, a quienes lógicamente se les responsabiliza de haber liquidado y suprimido cualquier rastro de legalidad internacional.

También ha vuelto a aparecer el oro negro como la gran quid de la guerra, como ya lo fue en Venezuela. De nuevo hemos visto mucha geopolítica, muchas imágenes y antecedentes históricos —mención especial para el sha de Persia— y recordartorios del sórdido caso Epstein como trasfondo de la inmoralidad de las élites. Y, claro, igualmente la mayoría de comentaristas se ha esforzado en no justificar el lado contrario, el de un régimen teocrático represor, como tampoco nadie quería parecer en su momento un pro Maduro.
Otro clásico: la batalla por confundir más al personal. Kabul ha sido el sorprendente trending pero, en ningún caso por la pequeña guerra que empezó el viernes entre Pakistán y Afganistán, y de la que ya nadie se acuerda. Lo ha sido porque la internacional del odio se ha dedicado a difundir que el ataque estadounidense a una escuela de primaria en el sur de Irán —que ha dejado a centenares de víctimas— era en realidad un bulo y que las imágenes correspondían a un ataque en Kabul de 2021. Pero el bulo era precisamente ese: hacer pasar un ataque real por uno falso para excusar al amigo yanqui/sionista. El bulo del bulo: más capas que desentrañar. La maquinaria propagandística no descansa y, una vez más, cada vez cuesta más distinguir realidad de relato.
Los acontecimientos se reiteran en Irán de igual forma que en Venezuela: manifestaciones contra Trump y posturas antinorteamericanas, crudo, el asunto Epstein y reproches de balance para la contraparte.
En medio de tanta reiteración de los hechos, se percibe una inclinación creciente. Aunque varía según la zona, da la impresión de que el rechazo hacia EE.UU. Se está intensificando. Imagino que Trump y su equipo habrán evaluado los efectos a largo plazo de mostrarse como un hostigador arbitrario dispuesto a eliminar a cualquier líder foráneo que les incomode. Debido a que, independientemente de lo que ocurra más adelante, el vínculo ético con el poder estadounidense jamás volverá a ser igual. No se trata de que se ignorase la forma en que la nación ha actuado por décadas para alcanzar sus beneficios y hegemonía, sino que la claridad del estilo trumpista otorga escaso espacio para las justificaciones que antes se empleaban. Basta con echar un vistazo a X para comprobar cómo la aceptación de EE.UU., actualmente muy vinculada a la figura de su mandatario, se ha desplomado drásticamente.
Resulta complejo determinar si aquello tendrá un impacto real. El inicio de una respuesta. O tal vez de una transformación cultural de calado. No obstante, lo más factible es que se trate de una ilusión. Es posible que todo dentro de X no pase de meros gestos y ruidos y que, a la postre, como de costumbre, permanezcamos en la mera observación inactiva de una realidad que nos desagrada pero que somos incapaces de encarar. Por tanto, únicamente nos restará lamentarnos, resignarnos, continuar prisioneros en el ciclo y mantener la impresión de haber redactado el mismo texto una vez más.
