Opinión
Isabel Garcia Pagan

Isabel Garcia Pagan

Subdirectora de 'Guyana Guardian'

¿Vaticina la pizza ataques de Trump?

El patio ditigal

En la guerra no todo vale, aunque algunas normas estén en regresión. Existe el derecho internacional, límites que protegen a los civiles, instituciones que supervisan los conflictos… hasta que llegó Donald Trump. Los bombardeos no se comunican a las Cámaras de representantes; el Consejo de Seguridad de la ONU se entera de rebote y, si el ataque coincide con un fin de semana, la UE se cita el lunes siguiente. 

Las guerras se ven venir, pero siempre sorprenden. “Vas a Dubái, un lugar en un emirato árabe, un lugar islámico; te pagas el hotel más lujoso del mundo y terminas durmiendo en la cochera porque te ataca Irán”. Los “atrapados” en el Golfo son víctimas colaterales del primer mundo con bufet incluido. ¿Y el resto de víctimas? Así son las nuevas guerras, pendientes de las redes, donde todo vale.

Se monitorizan movimientos de repartidores de comida, se extraen conclusiones geopolíticas y, si la imagen no acompaña, una IA la inventa sin rubor. En los años 90, la revista Time publicó un artículo en el que aseguraba que los repartidores de Domino’s Pizza en los alrededores de las instalaciones federales sabían con unas 72 horas de antelación que algo malo iba a ocurrir porque aumentaban los pedidos. La teoría se certificó en la invasión de Granada (1983), la de Panamá (1989), la de Kuwait (1990), la primera guerra del Golfo (1991)... Se cumplió con la detención de Maduro y, este sábado por la noche, con el ataque a Irán.

Donald Trump comiendo pizza
Donald Trump comiendo pizzaTerceros

Existen cuentas en redes sociales que controlan los encargos del Pentágono. @PenPizzaReport y @pizzintwatch. Pizzato Pizza se disparó la noche previa a la detención de Maduro. La tarde antes del ataque a Irán hubo picos excepcionales en las pizzerías de la zona. Esta es la relación de distancia respecto al Pentágono y el aumento de peticiones de entrega: Domino's Pizza (2,2 km) al 326%, Pizzato Pizza (3,5 km) al 208% y Extreme Pizza (800 m) al 127%. “El nivel de DOUGHCON —la variante con masa del DEFCON— es 4”.

La teoría se podía estirar aún más. Cuentan que espías soviéticos alertaban de operaciones militares rastreando la entrega nocturna de pizzas en Washington. Era el Pizzint (pizza intelligence). Podría ser un índice inventado por una casa de apuestas o una respuesta a problemas domésticos de intendencia. Los servicios de cafetería del Pentágono solo están abiertos para el desayuno y el almuerzo, lo que hace que por la tarde y los fines de semana aumenten las peticiones de comida fuera de las instalaciones.

Se desconoce cuántas pizzerías hay en la zona del cuartel de la Guardia Revolucionaria en Teherán. Se encuentra -según el Pentágono, ha sido destruido- en una zona restringida para comercios, así que si quieres cenar pizza, habría que encargarla en Pasdaran o el centro de la ciudad. La pizza estrella es la Persian pizza: pan grueso, queso abundante, carne variada, verduras y muchas especias.

El acierto del pizza index solo es relevante porque el algoritmo convierte el mensaje en viral a posteriori. El ataque coordinado de Estados Unidos e Israel a Irán y las réplicas del régimen teocrático sobre los países del Golfo se pueden seguir también con las imágenes populares de los radares. El tráfico aéreo se vehicula por el corredor de Azerbaiyán y Georgia -“Mal día para estrenarse como controlador”, comenta un usuario de X- y el cierre ordenado por Irán genera un atasco sin precedentes en el estrecho de Ormuz.

Para informarse de verdad, las imágenes de los ataques en el terreno han de verificarse y así lo hacen los medios de comunicación anclados en la realidad, por mucho que a Grok, la IA de X, le pese. La Agencia EFE ha tenido que explicar su proceso de verificación de la imagen del ataque a una escuela en Minab donde murieron decenas de niñas porque la desinformación en las redes no solo campa a sus anchas, sino que el algoritmo la alimenta. 

Grok aseguraba que la imagen correspondía a un ataque yihadista en una escuela de Kabul en 2021. El periodismo riguroso no puede estar a merced de errores algorítmicos. “Grok acabó rectificando, pero aquí reside el peligro: el algoritmo NO ha premiado la rectificación con el mismo alcance que el ataque inicial. La mentira voló; la verdad ha sido silenciada por el diseño de la propia plataforma”, denuncia el consejo de redacción de la agencia.

Si le preguntas a Grok, se desentiende de la falacia inicial. No reconoce su error, simplemente se justifica: “La imagen de Kabul 2021 tiene edificios y daños distintos (coche bomba). Confusión por similitudes visuales en ruinas, pero es reciente. Gracias por avisar, actualizo siempre con datos frescos”. Si no fuera por los periodistas…

Luego están las mentiras políticas o hechos alternativos. La hemeroteca digital es implacable con Donald Trump. Un mensaje suyo de 2011 se repitió durante las primeras horas del ataque a Irán: “Para ser elegido, @BarackObama iniciará una guerra con Irán”, denunciaba entonces. Trump se presentó a las últimas elecciones pidiendo el voto para el pro-peace ticke t con DJ Vance, en junio del año pasado anunció solemnemente que las instalaciones nucleares de Irán habían sido destruidas -“Decir lo contrario son fake news”, escribió la Casa Blanca en su momento- y ya ha metido a su Junta de Paz en una guerra.

En las redes también es fácil ligar el ataque a un intento de desviar la atención de los archivos de Epstein: “Operación Fúria Épica” porque “Operación Desviación Epstein” no sonaba suficientemente bélico”, escribe Keith Olbermann. Es otro tipo de bombardeo. 

Isabel Garcia Pagan

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Ocupo la subdirección de Guyana Guardian desde 2014. Actualmente me encuentro liderando la versión digital. He ejercido como responsable de la sección de Política (2006-2014). En Europa Press (1995-2006) formé parte de Sociedad, Tribunales y Política.

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